La sal de la tierra

8 Oct

“Afirmamos que estas verdades son patentes, que todos los hombres son creados iguales y que su Creador los ha dotado de ciertos derechos inalienables, y entre ellos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.”

Declaración de Independencia de los Estados Unidos

 

 

La sal de la tierra

 

Año: 1954.

Director: Herbert J. Biberman.

Reparto: Rosaura Revueltas, Juan Chacón, Clinton Jenks, Virginia Jenks, Ernesto Velázquez, Clorinda Alderette.

Tráiler

 

 

            La sal de la tierra es una película suicida. Lo es porque cuesta pensar que en tiempos de red scare, protofascismo en las clases políticas dirigentes y persecuciones indiscriminadas contra todo lo que pudiera oler a izquierda en el mundillo artístico estadounidense -cosa que de paso parecía poner punto y final al cine social que tímidamente había asomado la cabeza en el Hollywood de comienzos de los cuarenta- cuatro individuos incluidos en la lista negra -el director Herbert Biberman, el guionista Michael Wilson, el productor Paul Jerrico y el compositor Sol Kaplan– se atrevan, con financiación nada menos que del sindicato internacional de mineros y trabajadores del metal, a recrear el triunfo de las huelgas sindicales de los trabajadores las minas de Grant County (llamado aquí Zinctown), Nuevo México, en 1951.

Obviamente, el filme tendría el dudoso honor de ser la única película incluida como tal en una lista negra.

            Herbert Biberman, que había testificado como uno de los denominados Diez de Hollywood ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses, presenta una película de marcados tintes políticos socialistas con una factura que pretende el realismo por medio de varios de los recursos que ya había propuesto el paradigma del cine social, el Neorrealismo italiano -por entonces caduco y en proceso evolución y reinvención- como son la filmación en espacios exteriores e interiores reales o la mayor sobriedad formal posible para ceder el dramatismo a los hechos puros, con un discurso construido a través de estereotipos bien definidos para unos personajes interpretados en su mayoría por actores no profesionales, entre los que se incluye buena parte de las personas que habían participado en los acontecimientos reales, como Juan Chacón (Ramon Quintero en la película), jefe del sindicato local. No lo era, entre otros pocos, la bella protagonista Rosaura Revueltas, intérprete profesional en su México natal, en la que sería su única participación en el cine norteamericano, ya que sería deportada después del rodaje, acusada de comunista.

Por el contrario, hay que señalar que el uso de efectismos es aquí mayor que en la corriente neorrealista, como ejemplifican el empleo de voz en off o la presencia más destacada de la partitura de Kaplan, además de la concesión espacio al humor de la mano de esos viriles maridos forzados a desempeñarse en tareas domésticas mientras sus mujeres llevan a cabo las acciones de protesta.

            Y es que Biberman no se queda tan solo en el argumento político, sino que presenta además afilados alegatos raciales –son los mexicanos los que quedan definidos como los verdaderos americanos, los legítimos nativos de esa tierra frente al invasor anglo, mayoritariamente inmigrado y autoproclamado “superior”- y, más destacadamente, feministas, con unas mujeres fuertes, capaces de tomar decisiones y afrontar la lucha, ya que son víctimas dobles de un sistema con una doble esclavitud, en el que el capitalista oprime y sangra al trabajador y el trabajador –el hombre se entiende, aún la mujer no se había incorporado tan decididamente al mundo laboral- oprime a la mujer, en régimen de servidumbre doméstica.

            Es desde luego una cinta con un punto de vista clara y firmemente posicionado en lo político, pero lo es en una época en la que esto constituye un acto de valentía inigualable. Un acto, por ello mismo, más necesario que nunca.

            No será exhibida hasta 1965, luego seleccionada para formar parte de la Biblioteca del Congreso como bien público del pueblo estadounidense en 1992.

Tampoco parecen malos tiempos para recordar esta interesante película.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

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