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El crack

24 Sep

“El cine negro es mi género favorito entre mis géneros favoritos.”

José Luis Garci

 

 

El crack

 

Año: 1981.

Director: José Luis Garci.

Reparto: Alfredo Landa, Miguel Rellán, Manuel Tejada, Raúl Fraire.

Tráiler

 

 

           Primero como crítico, después como guionista y más tarde como director, José Luis Garci demuestra en todas sus creaciones una enorme huella cinéfila y una cultura cinematográfica de excepción, de origen autodidacta, procedente de la pasión.

           En 1981, ya como una de las principales figuras del cine de transición del país pero aún sin el reconocimiento internacional que le vendría con su Oscar por Volver a empezar, Garci se disponía con El crack a rendir pleitesía a su género favorito con un spanish noir que trataría de recoger las esencias de un cine de denominación de origen estadounidense.

De este modo, convertirá a Alfredo Landa con cara de pocos amigos y a un Madrid gris y mugriento en su Humphrey Bogart y su Nueva York particulares, una ciudad opresiva en la que el detective privado Germán Areta (Landa) deberá encontrar y rescatar a la hija de un acaudalado viudo de entre el lumpen y los garitos de mala muerte, de la sórdida fauna urbana con argot cheli y la corrompida y amoral alta sociedad, mientras trata de sobrevivir a oficinas insalubres, gimnasios con pósters de Rocky Marciano y olor a linimento, partidas de mus nubladas por humo de tabaco y barberos añorantes de una Nueva York casi de leyenda y una relación con una madre abandonada por su marido y la suerte.

Un antihéroe que recibe una presentación al más puro estilo Harry Callahan, observando impertérrito, con su figura achaparrada, bigote viril y gesto adusto, cómo dos quinquis perpetran el atraco a un bar de carretera mientras él da debida cuenta de un plato combinado y oye pontificar a Butanito para más tarde, inmutable, patear las pelotas a los malhechores.

El género negro, versión ibérica.

           Garci, prolijo en conocimientos del Séptimo Arte, construye una cinta que sí sabe conservar y hacer palpables esos elementos del noir, ya entonces irremisiblemente perdidos, pero retorciéndolos para hacerlos encajar y adaptarse a un ambiente y dimensión propia, la de un país y una ciudad que ni tienen la resonancia de decadencia épica de ciudades como San Francisco y Nueva York, y un protagonista lejos del poder de seducción y la clase agotando el pitillo de Bogart o Mitchum, pero que lleva, en lo que es una gran interpretación de Alfredo Landa, el papel de marginal rescoldo de obediencia a un código moral, aunque sea propio e intransferible, con idéntico temple y convicción e igual respeto hacia sí mismo.

           Un buen ejercicio de intriga que resulta mucho mejor cuando, a partir de esos códigos originales, toma rutas originales e independientes, más auténticas, con un libreto sólido y contundente en su desarrollo, quizás más precipitado en su parte final, que cuando se queda en la imitación-homenaje nostálgico y el guiño autocomplaciente metido con calzador, lo que desencadena excesos de guion innecesarios como el a todas luces sobrante desenlace en un Manhattan al que se ofrenda un admirado canto de postal turística

Muy meritoria recuperación de un género perteneciente a otros tiempos y otros lugares.

Habría segunda parte dos años posterior.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

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