Banderas de nuestros padres

21 Sep

“Recuerdo lo que respondía a mi nieto cuando preguntó ‘Abuelo, ¿fuiste un héroe en la guerra?’ ‘No, pero luché en compañía de héroes’.”

Richard D. Winters

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Banderas de nuestros padres

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Año: 2006.

Director: Clint Eastwood.

Reparto: Ryan Phillippe, Jesse Bradford, Adam Beach, Barry Pepper, Jamie Bell, Paul Walker.

Tráiler

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           Clint Eastwood se disponía a rendir su particular homenaje a los veteranos de la campaña del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial llevando a la pantalla el libro del escritor y periodista Ron Powers y James Bradley, descendiente de uno de los marines protagonistas del argumento, incluso caracterizado en el filme, con Steven Spielberg en la producción, una nueva muestra de su compromiso con el tema, como también fueron su trabajo tras las cámaras en Salvar al soldado Ryan, revisión del heroicismo, humanismo y compañerismo de unos marines en misión de rescate suicida en el horror extremo del conflicto, y su labor como productor en series como Hermanos de sangre y The Pacific, fieles reproducciones de las campañas en Europa y el Pacífico del ejército norteamericano, siempre desde el punto de vista de la persona como parte de un contingente que entrega su vida por una causa justa.

            Con Banderas de nuestros padres, Eastwood procede a retratar la historia de una fotografía, la famosa imagen del alzado de bandera entre varios soldados en la hostil isla japonesa de Iwo Jima; el making off de un mito, la dura verdad tras la leyenda, de nuevo las personas tras los héroes; por medio de tres líneas de tiempo: el periodista que recaba información del evento, hijo de uno de los retratados; la vuelta a casa de lo soldados de la foto para recaudar fondos de guerra, y los recuerdos bélicos que les sobrevienen a la mente como pesadillas, como estallidos en la tormenta.

            Como en Salvar al soldado Ryan y, sobre todo, Hermanos de sangre, el contingente de soldados queda descrito en su esencia humana, fraternal, a través de la combinación entre jocosas anécdotas y chascarrillos militares y la posterior manifestación de su vulnerabilidad en batalla, una lucha terrible que, como las anteriores, recurre al hiperrealismo más extremo, frenético y espectacular, capaz de provocar escalofríos al más pintado.

Una acumulación de acciones bélicas en las que aún sobrevive el halo de pesimismo que rodea toda la obra y que se hace aún más evidente en esos presuntos héroes que vuelven momentáneamente a casa para seguir con la batalla en otro terreno, el de los corazones y las carteras de una sociedad cínica y necesitada de símbolos heroicos para volver a confiar en los valores humanos que llamaban a la inexcusable lucha.

La sociedad de la imagen y el mercado que exprimirá hasta la última gota a tres jóvenes que representan tres tipos de actitud: el oportunismo para aprovechar en lo posible la popularidad, el intento de mantener toda la dignidad posible sabiéndose un farsante por el bien de los lejanos hermanos de sangre, intentando pasar página con el mayor estoicismo posible, o, simplemente, la incapacidad de sobreponerse a hacer cualquier uso de los compañeros perdidos, dejándose arrastrar hasta la total autodestrucción por los fantasmas de la guerra.

            La cinta busca unas pretensiones de profundidad que no se terminan de cumplir pese a su cierta carga de crítica social por esa idea de homenaje sincero y respetuoso a los caídos, sentida y facilona perorata final incluida, repetición de la fórmula hagiográfica de las ya mencionadas series de la HBO, un gran ejercicio de documentación y crudeza militar casi documental pero planas y aburridas, sin mayor interés e intención que eso, la loa al valor de unos combatientes de una guerra que, dentro de la dificultad de calificar como justo a un conflicto armado, este sí lo mercería claramente, del mismo modo que todo reconocimiento social a su sacrificio.

Más sutil y elegante es la dirección de un Clint Eastwood que, a mi juicio, da lo mejor de sí mismo en las historias engañosamente denominadas “pequeñas”.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6.

8 comentarios para “Banderas de nuestros padres”

  1. ALTAICA 21 noviembre, 2011 a 03:51 #

    Clint Eastwood pretende sin conseguir. Narrativamente la obra ambiciona mostrar los hechos de forma global para lo que utiliza la composición mezclada, sucediéndose la aleación del dolor personal, el conflicto bélico, la destrucción familiar, la maquinaria propagandística militar y política o el colofón sempiterno de historias vitales abortadas. En todas ellas sobrevuelan elementos reflexivos toscos, conocidos y siempre sin brillo, sin ni tan siquiera capacidad de emocionar.

    Asistimos a la reiteración narrativa de los hechos, llegando en numerosas fases al tedio. El desgarro existencial de los personales está contado de manera poco convincente, rudimentaria, sin alma, configurándose como uno de los elementos peor logrados. Continuamente nos lleva la película a las vicisitudes de la bandera ya conocidas, a los actos y festejos falsarios en busca de ingresos económicos para seguir la producción de armamento, de forma insistente y machacona que nos va alejando sin pausa de la crónica.

    Se observan por tanto fallos en un guión redundante o en un montaje reiterativo. Se ha dicho de esta película que está tan bien filmada sobre el terreno como Salvar al soldado Ryan, aspecto no solo discutible, sencillamente injustificado. El hecho de utilizar primeros planos, modernas cámaras al hombro dando sensación de proximidad y de hiperrealismo, una estética cromática en las escenas bélicas devaída o en tonos más cercanos al blanco y negro que al color, un montaje dinámico de sucesión de planos o el indiscutible despliegue de medios técnicos o efectos sonoros, no son suficientes para tal afirmación. Desde luego y pese a su vivacidad, no transmiten, carecen de la agudeza, dominio y disposición del genio desplegado en la realización por Spielberg, quien filma la contienda desde las entrañas y con tal potencia visual que ya ha marcado un antes y un después cinematográfico en ese tipo de secuencias. Sí captó la técnica, por ejemplo, Cuarón, dejándonos dos planos secuencias para la antología del cine en su notable Hijos de los hombres.

    En definitiva y siendo exigente o esperando más, tal vez demasiado, una historia fallida y sin lograr su pretensión de abarcar el conflicto en una dimensión temporal dilatada, ni tampoco consiguiendo una reflexión lúcida y bien armada, que no va mas allá de la negación del concepto de héroe, la hipocresía institucional o lo dolorosa que es la guerra para los combatientes y sus secuelas sociales y familiares. Plena coincidencia con tu crónica. Saludos

    • elcriticoabulico 21 noviembre, 2011 a 16:07 #

      Acertadísima reflexión que suscribo totalmente. Ni consigue ser un entretenimiento rabioso –algo vacío- de la película de Spielberg, ni consigue tener la emotiva profundidad de otras cintas bélicas como Senderos de gloria o La delgada línea roja.
      Es lo que pasa con los homenajes, que prácticamente no permiten dobles lecturas o matices. Pueden ser bonitos, pueden ser emocionantes, pero es difícil que resulten interesantes.

      • ALTAICA 28 noviembre, 2011 a 03:53 #

        La película de Spielberg es una obra maestra absoluta pese a su ingreso y su epílogo, ambos para arrojarlos al cubo de la basura. Del cine bélico o mejor antibélico te dejo entrecomillado el arranque de una crítica mía sobre la película Rey y Patria para que te hagas una idea. Un fortísimo abrazo.

        “””” Desde “Intolerancia”, 1916, de David W. Griffith, y “El gran desfile”, 1925, de King Vidor, pioneros alegatos pacifistas, el séptimo arte ha alumbrado un puñado de obras mayores sobre la guerra, bien en su condición de monstruo colosal o espectáculo bélico, repudia ética o viaje siniestro al alma humana y su capacidad de destrucción. Por no hablar de aquellas que han dado una visión cómica o satírica del conflicto que dejaré al margen.

        En una revisión sucinta de uno de los géneros más prolijos, no puedo omitir trabajos como “Sin novedad en el frente”, 1930, de Lewis Milestone, que en gran medida marcó las pautas narrativas y emocionales del cine bélico; “Remordimiento”, 1932, de Ernst Lubitsch, unicornio en la obra de su autor y un hermoso viaje interior hacia la redención; “La gran ilusión”, 1937, de Jean Renoir, quintaesencia del humanismo; “Roma, ciudad abierta, 1945, de Roberto Rossellini, reinterpretación del cine realizado hasta la fecha, y plasmación del neorrealismo en estado puro; “Los mejores años de nuestra vida”, 1946, de Willian Wyler, emotiva cinta sobre el sombrío retorno; “El arpa birmana”, 1956, de Kon Ichikawa, lirismo frente al mayor engendro humano; “Senderos de gloria”, 1958, de Satanley Kubrick, la obra antimilitarista por antonomasia a todo lo que representa el estamento castrense; “Nobi”, 1959, de Kon Ichikawa, otra desoladora obra maestra del director nipón; “Rey y patria”, 1964, del proscrito en la caza de brujas Joseph Losey; “Johnny cogió su fusil”, 1971, de Dalton Trumbo, otra víctima del “macartismo”, mejor novelista y guionista que director, y una obra que se confecciona como un alegato de la eutanasia; “El quinto sello”, 1976, de Zoltán Fábri, el chantaje como depredador de los principios; “Apocalyse Now”, 1979, de Francis Ford Coppola, uno de los pilares del cine moderno; “Ran”, 1985, de Akira Kurosawa, probablemente la visión mas lúcida del ser humano jamás contada y por ende de la guerra, si bien no estrictamente bélica; y “Salvar al soldado Ryan”, la guerra mejor filmada y una sobresaliente obra pese a su ingreso y epílogo. “””

        • elcriticoabulico 28 noviembre, 2011 a 16:36 #

          Desde el punto de vista de quien la vio hace bastante tiempo, Salvar al soldado Ryan me parece un gran espectáculo y un buen entretenimiento. No es poco, pero no llega a obra maestra. No se puede decir que las películas de Spielberg sean malas, pero muchas veces me parecen demasiado calculadas, planificadas. Me dejan sensación de frialdad en muchos casos.
          Excelente introducción al cine antibélico. Leyendo otras críticas tuyas tengo la convicción de que sería un muy interesante material para un blog que seguro sería más que recomendable. Deberías animarte.
          Reconozco que no conocía Rey y patria. Se apunta. Además viene muy al pelo para la crítica de hoy, Stalingrado.

  2. Dessjuest 16 mayo, 2012 a 15:18 #

    Bueno, realmente poco que añadir a lo dicho, buena colección de películas la que citais, de ellas para mí la auténtica obra maestra es sin duda “Sin Novedad en el Frente”, “Johnny cogió su fusil” es impactante, aunque sigo sin verla dentro del género belico, por añadir una “El Puente”, de Bernhard Wicki, a mí me encantó la sencillez y la honradez de la cinta, con el añadido de estar rodada en la Alemania de la postguerra.

    Sobre esta pues nada, que como dije en la de las cartas me gustó mucho menos, sí que me parecen cumplidoras todas las escenas que transcurren en la isla de Iwo Jima, pero es tediosa hasta el máximo una vez que se traslada la trama a los Estados Unidos.

    Y no digo más porque sería insultar los comentarios previos.

    • elcriticoabulico 16 mayo, 2012 a 18:05 #

      Hombre, Altaica es mucha tela, pero aquí todo el mundo tiene algo que aportar (y aporta), no se te ocurra cortarte. Se apunta El puente, aunque viendo cómo está ahora el mundo del cine por internet, que siempre abría accesos a películas legalmente ilocalizables, uno ya no sabe donde buscar…

      • Dessjuest 16 mayo, 2012 a 20:01 #

        Hombre, yo la tengo, si usas emule fácil solución hay, te mando el enlace por correo y ya está.

        Altaica es un monstruo de cojones, pero no te creas que tú desmereces mucho.

        Ya me contarás si te interesa la peli esa, es bastante interesante, para tener tantos años.

        Saludos.

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