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Muerte entre las flores

2 Sep

“Hammett ha devuelto el crimen a la gente que lo comete con motivo, no solo para ofrecer cadáveres a los lectores; y con medios accesibles, no con pistolas de duelo con incrustaciones, plantas exóticas o peces tropicales.”

Raymond Chadler

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Muerte entre las flores

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Año: 1990.

Director: Joel y Ethan Coen.

Reparto: Gabriel Byrne, Marcia Gay Harden, Albert Finney, John Polito, J.E. Freeman, John Turturro.

Tráiler

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            Que uno de los géneros favoritos de los hermanos Coen es el noir se puede apreciar ya desde sus inicios. Aparte de las notas criminales de sus dos primeras películas, Sangre fácil y Arizona Baby, en Muerte entre las flores se deciden por fin a volcarse de lleno en construir un magnífico homenaje al cine negro más clásico, inspirando su guión nada menos que en dos obras de todo un icono de la novela negra como Dashiell Hammett: Cosecha roja y La llave de cristal.

             De esta manera, la trama se centra en una ciudad gobernada por el crimen organizado, el cual que se mueve a su vez al son de la cadera de Verna (Marcia Gay Harden), una mujer que haría todo lo necesario para proteger al retorcido timador de su hermano (John Turturro), la chispa que está a punto de hacer saltar todo el polvorín de una urbe sucia y corrupta, donde solo se prospera mediante combates de boxeo amañados, apuestas en el hipódromo y sudorosas timbas de póquer, con la guerra entre gángsteres irlandeses y mafiosos italianos, a su vez paralela a la disputa de la chica en cuestión entre el jefe de los irlandeses, Leo (Albert Finney), hombre de la vieja escuela pero impulsivo, aún influyente y poderoso pero incapaz de ver el inminente ocaso de su reino ante el avance de los italianos, y su fiel, inteligente y frío lugarteniente Tom Reagan (Gabriel Byrne), el hombre que maneja los hilos en la sombra, el hombre en medio de todos los conflictos posibles, eje de todos los problemas y de todas las soluciones para ambos bandos.

             Con Muerte entre las flores, los Coen entregan un nuevo ejercicio de revisión de los códigos del noir a través de su propia mirada, con claves siempre presentes en su cine como unos personajes bien cuidados y definidos -el protagonista atrapado en medio de grandes conflictos, un gángster contradictorio en perpetua reflexión sobre lo ético y lo inmoral, el antagonista lacónico y ultraviolento, el charlatán verborreico,…- siempre peculiares e inolvidables, elemento invariable de su obra al igual su particularísimo sentido del humor, negro, cáustico; unas gotas de fina ironía iconoclasta que ahondan en la crueldad de su por otro lado descarnada violencia –como en el patetismo de las ejecuciones y de las muertes, por ejemplo-, un juego de feroces contrastes que ya habían probado en su debut con Sangre fácil.

              Es, por tanto, una película con un guion prodigioso, complejo y absorbente a partes iguales, que demuestra la enorme capacidad de los Coen como adaptadores sin obviar tampoco su identificable inventiva propia, su consistente mirada de autores, a lo que se suma todo su buen hacer a la hora de crear la puesta en escena, poderosa, clásica, impecable.

Toda una garantía.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 9.

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