Los aristócratas del crimen

26 Ago

“Las artes marciales son parte de una filosofía, no deben ser consideradas un arma. Y por eso, recuerda: no hay nada como un buen revólver.”

Les Luthiers

 

 

Los aristócratas del crimen

 

Año: 1975.

Director: Sam Peckinpah.

Reparto: James Caan, Robert Duvall, Arthur Hill, Bo Hopkins, Burt Young, Mako.

Tráiler

 

 

           El principio de la decadencia en la carrera de Sam Peckinpah, más allá de su éxito o su fracaso comercial, este último bastante habitual en toda su trayectoria, se considera iniciado a partir del rodaje de la que probablemente sea la obra que disfrutó de mayor libertad artística, Quiero la cabeza de Alfredo García, la que además es, con toda justicia, una de las cumbres de su cine.

Tras ella,  Peckinpah rodaría una cinta puramente alimenticia como es esta Los aristócratas del crimen, renunciando al control del guión y la producción para una película que sigue una de las modas de la década, la de las cintas de acción de artes marciales, popularizadas por la factoría hongkonesa de Raymond Chow y el éxito de Bruce Lee, todo un icono tras su entonces reciente desaparición.

           La trama del filme pasa por el manido tema de las traiciones, juegos dobles y venganzas entre agentes secretos -eufemismo para asesinos mercenarios-, ambientado en una oscura empresa privada subcontratada por la CIA para realizar pulcramente parte de su trabajo sucio; incorporando en esta ocasión un par de elementos recurrentes en la obra de Bloody Sam como son el de esos personajes anacrónicos revestidos de un halo de desencanto y el de los antiguos amigos que tornan en rivales -si bien ambos, especialmente el segundo, mucho menos matizados y sin el asomo de la poesía que rezumaban otras de sus películas como Duelo en la Alta Sierra, Grupo Salvaje o Pat Garrett y Billy the Kid, aquí protagonizada por los agentes Mike Locken (James Caan, papel a la medida para uno de los machos alfa del momento) y el renegado George Hansen (Robert Duvall), quien lo dejó fuera de servicio tras la infructuosa última misión, parte ahora de bandos enfrentados que se disputan la vida de un político revolucionario e idealista –cómo no, protegido por guardaespaldas desengañados y amorales- de la República de China, de visita (poco justificada) por un San Francisco que había pasado de ser una de las capitales del noir a una ciudad emblemática del cool cine de acción setentero gracias a producciones como Bullitt y Harry, el sucio.

Una excusa como otra cualquiera para enfrentar en combate a muerte a esos camaradas-contendientes y, además, introducir con calzador el factor oriental de las luchas de artes marciales.

            A pesar de la pobreza argumental de la película y que alarga en exceso la inevitable primera parte de recuperación, entrenamiento y preparación del héroe, Peckinpah logra conferir arrestos a la acción con su inconfundible e inimitable estilo, con su sello personal en forma de baños de plomo y hemoglobina a cámara lenta y montaje intercalado y ágil, además de dedicarse a exhibir su cierto distanciamiento y desenfado a través de su inclasificable sentido de la ironía, unas veces simpática, otras desconcertante, y de la cual no se salva ni siquiera la forzada escena final de kárate y ninjas –¿a quién se le ocurre que Burt Young pueda derrotar a un asesino experto o mínimamente ágil?-.

Por lo menos, se deja ver.

 

Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 6.

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