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El bueno, el feo y el malo

16 Ago

“- ¿Qué nos jugábamos?

  – El pellejo.”

El hombre sin nombre (La muerte tenía un precio)

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El bueno, el feo y el malo

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Año: 1966.

Director: Sergio Leone.

Reparto: Clint Eastwood, Eli Wallach, Lee Van Cleef.

Tráiler

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           …Y tras Por un puñado de dólares y La muerte tenía un precio, Leone ponía el colofón a la Trilogía del Dólar con El bueno, el feo y el malo.

           Leone daba rienda suelta a su creatividad megalómana para trascender incluso el spaghetti western, ya firmemente asentado y popular a uno y otro lado del Atlántico. Con ese mismo tono que combina la caricatura de unos personajes y situaciones arquetípicos del western con el más sentido homenaje a los mismos, el cineasta romano introducía ahora nuevos elementos de aventura, atravesando un país y una guerra, la de Secesión norteamericana, en pos de cambiar su polvoriento destino; notas de epopeya épica a la que la indispensable banda sonora de Morricone se ocuparía de conferir incluso alientos operísticos.

Una búsqueda del tesoro, de unos dólares que, al igual que en las anteriores películas, son simple excusa, no parecen tener valor verdadero, ni utilidad real, ni significación de futuro.

            El libreto de El bueno, el feo y el malo supone otro salto de calidad respecto al anterior, a la par de una evolución artística en la composición y puesta en escena que refleja la capacidad de aprendizaje, progreso y mejora continuos de Leone, cuyo éxito precedente le garantizaba una casi total libertad de creación, a la que sí es cierto que podría achacársele una tendencia a alargar innecesariamente sus producciones, sin importarle menudencias como que la introducción dure igual que el resto de la película, el retorcer algunos recursos hasta lo grotesco o que sobren elementos repetitivos que no aportan nada al conjunto, cosa que se acentuará en siguientes obras, con peores resultados.

Volviendo a la película, se repite, como en La muerte tenía un precio, el trío principal de personajes amorales e individualistas en pugna por un mismo objetivo, con sus intermitentes sociedades de conveniencia, traiciones, enfrentamientos y, necesariamente, apoteósico duelo final.

             A un lado, el hombre sin nombre, el icono de la trilogía; erigido como el bueno de la función, cartel que lleva a su manera y casi a su pesar, con rasgos de una ambigüedad que se diría propia del cine negro –pese a un trasfondo noble a ratos no duda en vender a sus colaboradores, ni en matar a sangre fría si es necesario-, por supuesto interpretado por un Clint Eastwood que se encontraba a sus anchas con un personaje que ya solo podía ser y sería él.

Al otro, Lee Van Cleef vuelve a poner su mirada serpentina al servicio de un villano de esos que serán recurrentes en su carrera; un personaje que si se distingue de los anteriores es porque apenas admite compañeros de viaje y es más frío a la hora de infligir la muerte, más por cuestiones laborales que de sentimientos.

Sin embargo, en sentido estricto, el protagonista del filme, el que verdaderamente acapara el punto de vista narrativo, no es otro que Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez, el Feo, compañero de fatigas voluntario u obligado por la necesidad de el hombre sin nombre; un individuo que viene a representar el personaje de bufón clásico, el contrapunto burlesco o de histriónico que sirve de contraste a la austeridad e hieratismo del héroe, lo que interpretativamente suponían los personajes de Gian Maria Volontè en las anteriores, si bien como pérfido antagonista del hombre sin nombre. En esta ocasión es Eli Wallach, que había sido el malo de Los siete magníficos una de las cintas que había supuesto un antes y después en el devenir del cine del Oeste y sus formas, quien hace gala de una calculada –e inolvidable- sobreactuación para un personaje que, al contrario de casi todos los otros presentes en la Trilogía, más allá del esbozo del Coronel Mortimer en La muerte tenía un precio, adquiere un cierto pasado y un cierto conflicto, más allá de representar un estereotipo del western en sí mismo.

           Una película que supone el punto álgido que trascendía las fronteras de un género menor gracias a la genialidad de uno de los directores más especiales y más influyentes del cine.

 

Nota IMDB: 9.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 10.

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