Perversidad

15 Ago

“El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.”

Marcel Proust

 

 

Perversidad

 

Año: 1945.

Director: Fritz Lang.

Reparto: Edward G. Robinson, Joan Bennett, Dan Duryea.

Tráiler

 

 

            Un año después de conseguir una de las cimas del film noir con La mujer del cuadro, Fritz Lang presentaba una nueva propuesta que encontraba no pocos puntos de coincidencia con la anterior, entre ellos el trío protagonista conformado por Edward G. Robinson, ese pequeño gran actor, junto con Joan Bennett y Dan Duryea, otro habitual del director. Y, sobre todo, con un tema que de nuevo explora el origen y las razones que mueven al crimen al ciudadano de a pie, una constante en su obra, otra vez determinados por unos deseos –conscientes o subconscientes- que se tornan irrefrenables, alentados siempre por la aparición la mujer como determinante factor de ruptura.

             Perversidad es igual de dura, pero en un último caso mucho más despiadada con su protagonista, Christopher Cross (Robinson), un hombre pusilánime y patético que nunca ha tenido suficientes arrestos para tomar las riendas de su vida, a realizar sus ambiciones –la pintura, sentirse amado por una mujer atractiva-, casado de rebote con una mujer a la que no quiere y que permite que le humille flagrantemente.

Hasta que Kitty March (Bennett) se cruza en su camino, ofreciéndole la respuesta a sus deseos. Una femme fatale desde luego poco sutil y nada sofisticada –es perezosa, no disimula demasiado su desprecio a Cross y su relación con el hampón de medio pelo Johnny (Duryea), vive en la inmundicia por pura desidia,…- que utilizará a su antojo a un pobre hombre al que cree rico y al que finalmente solo podrá explotar arrebatándole uno de sus sueños: triunfar en la pintura. Cosa a la que el sumiso y servicial Cross se someterá encantado a cambio de un par de tontas carantoñas y falsas promesas de felicidad, a la par se va introduciendo progresivamente en los fangos del crimen.

             Es esa búsqueda desesperada de la felicidad lo que desencadena las pulsiones criminales de Cross, ante lo que considera su última oportunidad de tener una vida plena y satisfactoria. Una ilusión que, como parecía obvio, le llevará a ser aún más desdichado.

             Lang no hace prisioneros. Hay apenas personajes positivos, quizás alguno de los comprensivos amigos de Cross, que lo ven caer y tratan de ponerse en su lugar pero que, no obstante, no son capaces –ni hacen demasiada intención- de frenar su desgracia.

              No es su mejor película; es posible que Perversidad no posea una atmósfera y calidad artística tan subyugante, ni un guion tan redondo y sea menos agradecida que otras obras del director vienés, movida por esos personajes sin futuro que se aplastan en el lodo de su vulgaridad, como esa Kitty March, malvada y retorcida pero alejada de la ambigüedad y elegancia de las grandes mujeres fatales del género –con mayor porción de protagonismo, eso sí-, así como su compinche es un raterillo de tres al cuarto con poco más que labia y falta de escrúpulos; una cinta a la que, aún así, no se le puede negar que entraña elementos de enorme interés, unas interpretaciones más que destacables y un final absolutamente demoledor.

En su día, fue todo un fracaso.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 8,4.

Nota del blog: 7,5.

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