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Synecdoche, New York

5 Ago

“La vida es una obra teatral que no importa cuánto haya durado, sino cuánto bien haya sido representada.”

Séneca

Synecdoche, New York

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Año: 2008.

Director: Charlie Kaufman.

Reparto: Philip Seymour Hoffman, Samantha Morton, Catherine Keener, Michelle Williams, Tom Noonan.

Tráiler

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           Charlie Kaufman nunca deja indiferente. O le adoras o le desprecias.

Por primera vez, Kaufman se atrevía a dirigir su propio guion, después de haberse emparejado artísticamente con directores cuyo imaginario visual ofrecía buen maridaje con todo el original surrealismo de la mente creativa de este interesantísimo guionista, como Spike Jonze (Cómo ser John Malkovich, Adaptation) o Michel Gondry (Human Nature, ¡Olvídate de mí!). Como los anteriores, volaba ahora en solitario con este Synecdoche, New York, en lo que el neoyorkino pretendía que fuera una reproducción de la propia vida. Nada más y nada menos.

            De nuevo, Kaufman procede a somatizar sus propias neurosis a través de uno de sus sempiternos creadores sensibles en crisis existencial –patente era, sobre todo, en una obra de gran carga autobiográfica como Adaptation, al mismo tiempo de sus libretos menos interesantes a mi parecer, si bien de los más alabados-, en este caso un dramaturgo de relativo éxito asediado por la decadencia física, con sus dosis de hipocondría y obsesión por la muerte correspondientes, el pesimismo moral y el suicidio de su autoestima, abandonado por su familia y abrumado por el absurdo de la existencia. Desesperanza vital que lo lleva a sustituir la vida por el teatro y el teatro por la vida, donde cada persona es protagonista de su propia vida y, a la vez, extra de la de los demás.

            No es esta una idea nueva. Ya Federico Fellini planteaba algo bastante similar en su Fellini, ocho y medio sobre la particular crisis existencial y creativa del propio autor, y, en un particular homenaje -que también había bosquejado anteriormente en Recuerdos-, el genial Woody Allen en una muy buena película como es Desmontando a Harry.

En cambio, donde en Allen predominaba la inteligencia y el humor desternillante, siempre con su habitual trasfondo reflexivo y lúcido, se torna aquí en pretenciosidad y aburrimiento, según muchas opiniones imagen del proceso que atraviesa el protagonista de la cinta. Más discutible si ello es un recurso deliberado o no.

            A mi juicio, la compleja y apabullante capacidad imaginativa de Kaufman queda desatada sin el moderado (pero necesario) control que podían conferirle directores duchos en su oficio como Jonze o Gondry, quienes más tarde han cosechado resultados bastante destacables en películas desarrolladas en solitario, aunque ciertamente influidas por sus anteriores colaboraciones con Kaufman, como el festejo de la infancia de la simpática Donde viven los monstruos o la enorme La ciencia del sueño respectivamente.

Da la impresión de que Kaufman no sabe demasiado bien qué hacer con su propio guion hasta entrada la segunda mitad del filme, enlazando escenas a matacaballo mediante elipsis abruptas, recurso que suele conferir agilidad al guion pero que, contradictoriamente, dan lugar a una cinta que se hace eterna -en el mal sentido de la palabra-, incapaz de sacrificar todo su contenido en aras de respeto al espectador –no digo que sea lo adecuado u obligado, pero hay autores que logran conjugar ambas opciones sin renunciar casi a sus planteamientos de base-, con una trascendencia que suena muchas veces a forzada y sin siquiera demasiado poder de sugerencia en las imágenes que propone, lo que le resta, en definitiva, capacidad para transmitir su discurso, con el más destacable par ideas situado en el último cuarto de hora. Bueno, quizás esto sí sea como en la vida misma.

Muy buen reparto, eso sí.

Fallida.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 4.

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