Archivo | julio, 2011

La huida

22 Jul

“McQueen era un quebradero de cabeza para todo el mundo, siempre dando contraórdenes y cambiando el diálogo. Además tenía la costumbre de quitarse la camisa entre toma y toma para aprovechar los rayos de sol. Era un coñazo.”

Uno de los participantes en el rodaje de La Huida

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La huida

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Año: 1972.

Director: Sam Peckinpah.

Reparto: Steve McQueen, Ali MacGraw, Al Lettieri, Ben Johnson.

Tráiler

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            Un año después de filmar El rey del rodeo, Steve McQueen que, dentro de sus más y sus menos, se había sentido enormemente satisfecho en su colaboración con Sam Peckinpah, recomendaría al productor David Foster la contratación de Bloody Sam para el proyecto que traía entre manos. Este no será otro que la adaptación de una novela de Jim Thompson, autor de algunas genialidades en el mundo de la novela negra como 1.280 almas y de unos cuantos guiones soberbios para Stanley Kubrick (Atraco perfecto, Senderos de gloria). Un filme que toma numerosas influencias del cine negro clásico, con la huella de películas como El último refugio o Al rojo vivo, y que conserva bastante de ese espíritu noir a pesar del incomprensible e irreconocible intento, según confesaba el propio director, de ser una película satírica. Un noir adaptado a unos tiempos en el que el thriller y el cine de acción dominaban las pantallas en plena madurez, más violento, más vigoroso, más potente. Un tipo de cine en el que precisamente Steve McQueen era una, sino la mayor, de sus estrellas, aunque por entonces andaba necesitado de volver a lograr un nuevo gran éxito que reactivara su carrera después de encadenar un par de fracasos seguidos y una crisis matrimonial que acabaría en costoso divorcio.

             La huida presenta la historia de Doc McCoy (McQueen), en libertad condicional gracias al trato que su mujer Carol (Ali MacGraw) sonsaca al influyente y corrupto hombre de negocios Jack Benyon (Ben Johnson), el cual ata a McCoy al atraco del banco familiar de una pequeña población tejana junto con otros dos colaboradores. Un robo que, por supuesto, se encontrará lleno de traiciones y nada saldrá como lo esperado, desencadenando el tentativa de huida de la pareja hasta México, acosados por la policía, los hombres de Benyon y uno de sus socios del atraco en busca de venganza, el implacable Rudy (Al Lettiery).

             Además del manejo del ritmo y la calidad y la fuerza de la acción que asegura Peckinpah, con su recargada violencia filmada al ralentí y que siempre encandila a la sociedad como parte de la naturaleza del ser humano, a lo que se une la destacable banda sonora de Quincy Jones, la película basa gran parte de su atractivo en la inestable relación de road movie entre McCoy y Carol, dos personajes hechos el uno para el otro pero sobre los que sobrevuelan sombras del pasado difíciles de dejar atrás, con un retrato de la personalidad femenino característico de Peckinpah: seres complejos e inescrutables, portadores de salvación y condena a partes iguales, cuando no son directamente unas putas sin moral alguna. En este caso, una escandalosamente bella Ali MacGraw, hasta entonces solo conocida en registros románticos, sale bien parada de su papel, aguantando el tipo frente al carisma de un McQueen con un personaje a su medida, duro pero con clase, y que finalmente acabaría, como en El rey del rodeo, consiguiendo a la chica también en la vida real.

             No es de las más líricas ni de las más profundas de Peckinpah, pero el atractivo y el espectáculo están garantizados. Sería el mayor éxito comercial de su carrera.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8.

127 Horas

21 Jul

“Pobre juventud: ¡Qué fácil es naufragar! Dichoso aquel que estuvo en peligro entre el oleaje del mar y logró llegar a la orilla.”

San Giuseppe Marello

 

 

127 Horas

 

Año: 2010.

Director: Danny Boyle.

Reparto: James Franco, Clémence Poésy, Treat Williams.

Tráiler

 

 

             127 horas tiene mucho de película de náufragos. Esencialmente, ambas se rigen por el mismo concepto, al igual en parte que el coetáneo thriller español Buried. Un hombre queda atrapado por la naturaleza en un reducto inhóspito en el cual ha de escapar o ha de morir. Un hombre solo contra la adversidad en una experiencia extrema que siempre conlleva una carga simbólica, la de la forzada penitencia del individuo en su particular purgatorio, en el que ha de repasar su vida pasada y reconsiderar las actitudes y valores que le han movido hasta entonces, sus errores y aciertos, hasta su última resurrección como hombre renovado.

             Así pues, nada de lo anterior queda fuera de la nueva película del escocés Danny Boyle, su regreso tras el triunfo en los Oscar por Slumdog Millionaire, una cinta ligerita, llevada con habilidad y de cierto encanto horterilla. Aquí escoge la historia real del aficionado al deporte extremo Aron Ralston y su trágico accidente en Blue John Canyon, Utah, presentado como un tipo cool que no duda en recoger los achiperres e irse a practicar mountain bike, escalar riscos y adentrarse en grietas durante todo un fin de semana sin avisar a nada ni a nadie sobre a dónde dirige sus pasos. Lo que provoca que, después de caer por una fosa y quedar aplastado su brazo derecho bajo una enorme roca, nadie sepa de él.

             Son un tipo de películas estas que basan gran parte de su efectividad en la potencia del intérprete principal, generalmente el único que sostiene la acción en la mayoría del metraje, como fue Tom Hanks en Náufrago o Ryan Reynolds en Buried, peso que recae sobre un James Franco hasta ahora con poca relevancia en la industria pese a haber desempeñado papeles ciertamente meritorios en filmes anteriores. Su actuación como Ralston, con quien trabajó buena parte del rodaje para obtener inspiración directa, es fantástica, consiguiendo establecer una gran empatía en el reflejo de su tránsito de joven chulito y seguro a hombre vulnerable y tierno, pasando por la estupefacción y el terror de la situación. La ayuda de Boyle en la dirección es inestimable, marcando el ritmo de la función con su apurada estética videoclipera habitual, que podría parecer aquí un ejercicio de banalidad absoluta, y que, a pesar de ello y de que un par de alucinaciones que sufre el protagonista quedan un poco fuera de lugar, sabe transmitir la sensación de desesperación, de agobio y de claustrofobia que padece Ralston, escenas no aptas para estómagos sensibles incluidas.

Aunque es cierto que bien se podría decir que, finalmente, Boyle se limita a recrear esa angustia física más que la angustia vital del protagonista, más su ansia de vida que una posibilidad de profundidad o trascendencia en su contrición.

No obstante, logra de largo el impacto que busca.  

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

El último tango en París

20 Jul

“Normalmente el espacio nos domina, pero Brando, por el contrario, domina el espacio. Aunque esté completamente quieto, digamos, sentado en una silla. Brando ya se ha apoderado de ese espacio. Y su actitud frente a la vida es distinta de la de los demás.”

Bernardo Bertolucci

 

 

El último tango en París

 

Año: 1972.

Director: Bernardo Bertolucci.

Reparto: Marlon Brando, Maria Schneider, Jean-Pierre Léaud.

Tráiler

 

 

            Bernardo Bertolucci, uno de los más significativos autores del denominado Cinema Nuovo italiano, confirmaba su relevancia internacional con El último tango en París, rodada en la capital francesa, protagonizado por un mito del cine a nivel mundial como un Marlon Brando que venía de montar escándalo en Hollywood por el trato a los indios en las películas del Oeste y, sobre todo, por el enorme escándalo que suscitaría la película por su crudeza sexual, que la llevaría a ser censurada o prohibida en numerosos países. Por supuesto también en una España tardofranquista en la que se fletaban autobuses de excursionistas que subían hasta Perpignan solo para ver cómo Brando untaba de mantequilla el culo de la debutante Maria Schneider, entre otras cosas.

            Más allá de las escenas de sexo desinhibidas, El último tango en París habla de la soledad, del aislamiento, del brutal vacío existencial de un hombre devorado por unos demonios que le acosan tras la muerte de su mujer, con un pasado doloroso, sin presente ni futuro, que pasea su tristeza y angustia por las calles de París, cuya proverbial belleza se revela incluso sombría, cenicienta, mortecina. El encuentro casual con una joven que también quiere dejar atrás un pasado representado sobre todo por su inocencia, como transición de madurez entre adolescencia y edad adulta, parece que pudiera darles a ambos el futuro que necesitan, entrelazados en una relación enfermiza y destructiva donde aún no se pueden despegar del olor a muerte que invade el ambiente y en el que el sexo sabe a desesperación en uno, a malsano rito iniciático en otro, ambos en una burbuja en la que no existen los nombres, no existe el pasado y no hay comunicación posible como tampoco existe afuera, en una sociedad que agoniza en sus valores artificiales e impostados –como refleja la relación de la chica con su supuesto novio verdadero, pura farsa cinematográfica-, valores carentes de todo sentido, caducos, rancios y decadentes. Solo existe el presente. Y el presente es sexo como movimiento instintivo, como reacción de vida más primaria.

            Bertolucci compone una obra dura, sin concesiones, tremendamente amarga, en la que vuelve a hacer gala de su habilidad para el montaje estilizado y el encuadre y las tomas de gran riqueza tanto artística como simbólica, con una fotografía plomiza, sombría y apagada –firmada por Vittorio Storaro– que capta el espíritu desolado del protagonista, interpretado por un colosal Brando con gran peso en su construcción -lo que incluye algún que otro detalle autobiográfico- y que se come la pantalla a su antojo, liberado por el director de cualquier atadura. Un personaje lleno de fuerza que se contrapone con un rol femenino mucho más desdibujado, lo que resta virtudes a la cinta, muy descompensada en ese retrato de caracteres.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 8.

El experimento del Dr. Quatermass

19 Jul

“Venimos en son de paz… Venimos en son de paz…”

Mars Attacks!

 

 

El experimento del Dr. Quatermass

 

Año: 1955.

Director: Val Guest.

Reparto: Brian Donlevy, Jack Warner, David King-Wood, Richard Wordsworth.

Tráiler

 

 

            Los albores de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética poblaba las pantallas populares de las sesiones dobles y los drive-in de naves espaciales, ovnis y extraterrestres que amenazaban la seguridad de la ciudad, el país o el mundo, con una eficacia y éxito comprobado desde el experimento de Orson Welles con la retransmisión radiofónica de La guerra de los mundos de H.G. Wells en el Halloween de 1938.

            Fuera de los estudios norteamericanos, la productora británica Hammer optaba a partir de la década de los cincuenta, de la mano de James Carreras y vista su irregular contabilidad anterior, por un sistema similar al de la serie B estadounidense con la producción industrial de películas de bajo coste centradas en temas de probada rentabilidad, como los thrillers y, en este caso, la ciencia ficción, donde tampoco se prodigaría demasiado, más centrada en las dos décadas posteriores en la recuperación del terror gótico y el relanzamiento de los monstruos del Hollywood clásico como Frankenstein, Drácula, el Hombre Lobo y similares, proyectando al estrellato a actores como Christopher Lee o Peter Cushing.

            Con El experimento del Dr. Quatermass la Hammer apostaba sobre seguro, dado el éxito del que gozaba la serie televisiva basada en dicho personaje, el que será todo un icono de la ciencia ficción british, tetralogía cinematográfica -le seguirían Quatermass 2, considerada por muchos mejor que esta primera, ¿Qué ocurrió entonces? y Doctor Quatermass, ya de 1979- y nuevas series incluidas.

Para su primera aventura en el celuloide, se recurrió a un director que sería de los más reputados de la franquicia, Val Guest, y, para el protagonismo, a un actor que encarnaría muy correctamente la frialdad científica del personaje en las dos primeras entregas de la saga, Brian Donlevy.

La historia en cuestión versa sobre el accidentado retorno de un nuevo y experimental cohete espacial, lanzado por el Doctor Quatermass sin reparar en autorizaciones gubernamentales ni posibles costes humanos, y que regresa misteriosamente sin dos de sus tres tripulantes, con un único superviviente hecho un ecce homo, en estado de shock y totalmente consumido por una extraña afección que lo desgasta poco a poco, mutándolo en un nuevo ser que amenazará la seguridad de Londres, si no de todo el globo.

            Como sucede en sus homólogos yankis de serie B, El experimento del Dr. Quatermass no es una película que se distinga por sus grandes medios o sus efectos especiales, lo cual ha de suplir con expresividad formal y una conseguida solidez narrativa que la confieren una consistencia y un manejo de la tensión bastante aceptable, con personajes medianamente cuidados y, en general, bien interpretados -mención especial para el “monstruo” de Richard Wordsworth-, lo que logra en definitiva captar el interés necesario para que sea una película entretenida y con el cierto encanto retro de estas producciones, que poco más y nada menos se podía pedir.

Un buen ejemplo de la sugerente ciencia ficción de los cincuenta.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

El hombre que pudo reinar

18 Jul

“La película tiene sus defectos, supongo, pero ¿a quién le importa? Se lanza sin miedo hacia delante, nada a contracorriente hacia la catarata.”

John Huston

 

 

El hombre que pudo reinar

 

Año: 1975.

Director: John Huston.

Reparto: Michael Caine, Sean Connery, Saeed Jaffrey, Christopher Plummer, Shakira Caine.

Tráiler

 

 

             John Huston no era un director perfecto, así como nunca tuvo la intención de serlo. Pero sí se puede reconocer indefectiblemente en su obra una inaudita pasión por narrar, por el viejo arte de contar historias, lo que es, en definitiva, la esencia del denominado Séptimo Arte. Huston vivió su vida como una aventura disfrutada al máximo, según le venía, exprimiendo hasta la última gota de su sabor, unas veces dulce, otras amargo; un espíritu vitalista que supo transmitir a muchas de sus películas. Y a esta como a ninguna.

            Gran conocedor y admirador de la obra del británico Rudyard Kipling, Huston escogió un texto corto basado en las casi legendarias aventuras del americano Josiah Harlan, quien viajo y llegó a ser coronado Príncipe de la agreste región afgana de Ghor. Tras varios intentos infructuosos, Huston conseguía por fin sacar su película adelante en 1975, no atravesar de nuevo numerosos problemas. Una obra esta en la que se relata el viaje de dos inolvidables pícaros, Peachy Carnehan (Michael Caine) y Daniel Dravot (Sean Connery), ex soldados del imperio británico, farsantes, timadores, ladronzuelos y, sobre todo, amigos y vividores, en su propósito de conquistar primero y más tarde ser proclamados reyes, ídolos o dioses para saquear a placer alguna remota región del Kafiristán. Dos desheredados del mundo en busca de un tesoro que les haga cambiar su destino y les coloque en el lugar donde se merecen –Huston conocía bien esas motivaciones, que recuerdan mucho, entre otras, a las de los protagonistas de otra cumbre del cine de aventuras y de su filmografía, El tesoro de Sierra Madre– por medio de un plan tan loco e imposible como genial.

            El hombre que pudo reinar es una película hecha a la vieja usanza, una obra confeccionada artesanalmente, con un profundo amor por ese sentido aventurero y por unos personajes adorables, bribones que tampoco eran perfectos pero que conocían la vida como pocos, con una sabiduría propia y exclusiva de personas que han atravesado las mil y una batallas de este valle de lágrimas y cuya impronta van dejando a lo largo de todo el metraje, de toda su epopeya de demente conquista y gloria gracias al maravilloso guion de Gladys Hill, escrito en colaboración con el propio Huston; una verdadera obra de arte que destila una mayúscula adoración y amor por la vida y la aventura, lleno de matices irónicos, de lírica melancolía, de emoción, de humor, de velado pesimismo, de alegría, de tristeza; como la existencia misma.

            Una perfección que se extiende a todos los niveles, desde la magnífica partitura de Maurice Jarre, que toma como leitmotiv el popular The Minstrel Boy, hasta la inconmensurable realización y puesta en escena de Huston, que combina la enormidad de los parajes épicos, sobrecogedores y terribles que recorren, disfrutan y padecen riendo y cantando Peachy y Daniel, junto con el intimismo en el que se presenta esa relación de amistad entre dos dignos representantes de lo mejor y lo peor del ser humano. Por su parte, Caine y Connery redondean a sus dos enormes personajes con una de las mejores interpretaciones, sino la mejor, de sus carreras, lo que no es decir poca cosa; un ejemplo de química en pantalla, de carácter y sensibilidad histriónica, de adueñamiento y disfrute, propio y ajeno, de unos roles imperecederos.

El hombre que pudo reinar es la esencia de la vida, es el cine.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 10.

K-Pax

17 Jul

“En mi barrio mucha gente pasea a sus perros y siempre les veo con su bolsita para las cacas. Me parece lo más bajo que puede hacer un ser humano. Si los extraterrestres ven eso a través de un telescopio pensarán que los perros son los líderes en la tierra. Si ven a dos seres y uno de ellos hace caca y el otro la recoge y se la lleva ¿quién pensarían que manda?”

Jerry Seinfeld

 

 

K-Pax

 

Año: 2001.

Director: Iain Softley.

Reparto: Jeff Bridges, Kevin Spacey, Mary McCormack, David Patrick Kelly.

Tráiler

 

 

           Un clásico navideño, De ilusión también se vive, jugaba con la idea de un personaje misterioso que afirmaba ser el mismísimo Santa Claus, con tal convicción que sembraba la duda entre los sorprendidos ciudadanos.

Más tarde, el argentino Eliseo Zubiela estrenaba su filmografía con Hombre mirando al sudeste, película en la que un joven lograba sembrar la duda en su psiquiatra esta vez sobre su procedencia extraterrestre. Considerando esta premisa, K-Pax vendría a ser la versión norteamericana de esta última con matices de esa De ilusión también se vive, ya que repite ese esquema de hombre demente-extraterrestre (Kevin Spacey) que con su vehemencia capta la atención y provoca la incertidumbre del psiquiatra que lo toma a su cargo (Jeff Bridges).

            A partir de ahí, se pueden diferenciar dos mitades en el filme, con una primera parte más centrada en lo que es casi un género en sí mismo: el drama de psiquiátrico, con los tópicos, rutinas y tramas características que ello supone, como el personaje especial que revoluciona con su carisma la marginal vida de los internos, ayudándoles a darse y que se les de valor como personas, en este caso junto con el factor del pseudo choque cultural entre el humano psiquiatra y el alienígena que revela los valores que de verdad merecen la pena mediante el cuestionamiento de muchas de las costumbres terrícolas, si bien el guion de Charles Leavitt se conforma con poco más que resaltar un par de preguntas y paradojas fáciles, sin lograr demasiada profundidad.

Tampoco mucho más lucida será una segunda mitad donde dominará la intriga por descubrir al individuo detrás del personaje de extraterrestre, el enigma de su vida y de su estado, igualmente bastante convencional y que sacrifica parte de la coherencia respecto del metraje anterior en aras de una mayor emotividad, aunque, como toda la función en general, conserva un ritmo más o menos digerible.

             Más que nada, la película explota y se beneficia del duelo de titanes de la pantalla entre un Kevin Spacey que se encontraba en la cresta de la ola tras su reciente y merecido Oscar por American Beauty y un Jeff Bridges que ya había lidiado con las alucinaciones del mundo paralelo de loco iluminado en El rey pescador y protagonizado una de los filmes de referencia de la novela original, Starman, en la que precisamente encarnaba a un extraterrestre que tomaba la apariencia del difunto marido de la desconsolada viuda con quien convivirá.

              Simpaticona pero bastante mejorable, sobre todo de haber tenido aspiraciones de mayor trascendencia. O de haber concedido más de cinco escasos minutos a un gran actor como Clarke Peters.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 5.

Cara de ángel

16 Jul

“Preminger no sería capaz ni de dirigir a su sobrino hasta el baño.”

Dyan Cannon

 

 

Cara de ángel

 

Año: 1952.

Director: Otto Preminger.

Reparto: Jean Simmons, Robert Mitchum, Mona Freeman, Herbert Marshall, Barbara O’Neill.

Tráiler

 

 

            Director atrevido como pocos, muchas veces adelantado a su tiempo y, por tanto, peleado con productoras y censores, Otto Preminger ya planteó un noir que giraba por completo en torno a una mujer muerta en Laura y ahora, en un nuevo acercamiento al género, el punto de vista recae casi en su totalidad en una femme fatale de dulces rasgos encarnada por la británica Jean Simmons.

            Desde los créditos, la excelente partitura de Dimitri Tiomkin anuncia el drama en el que se verá envuelto el conductor de ambulancias Frank Jessup (Robert Mitchum), al que unas pocas lágrimas de los enormes ojos y un buen guantazo de la joven Diane Tremayne (Jean Simmons) le bastarán para abandonar a su novia de entonces y dejarse arrastrar por los confusos planes de la chica, hija adorada de un famoso novelista falto de inspiración e hijastra de una viuda acaudalada a la que odia.

La atención de la película se desplaza pronto desde un Mitchum de maneras cínicas, que va de listo y acaba sometido conscientemente y sin poder hacer nada a los caprichos de su joven amante, hasta esta misma, un personaje de mujer fatal que, si bien contiene ambigüedad y turbiedad en sus actos e intenciones, también hay que reconocer que le falta misterio y fuerza para coronarse como una de esos personajes femeninos tan peligrosos como irresistibles e imborrables, ya que muchas veces cuesta verla más allá de una chica consentida que se mueve por antojos y parece, solo parece, no saber muy bien lo que quiere. Con más drama que suspense y, en mi opinión, carente del ambiente insalubre y la intensidad de otras grandes del cine negro, la falta de garra de Cara de ángel se extiende en muchas partes de la película, especialmente hacia el tramo final pese a una última escena que sí logra un meritorio impacto.

            Considerado uno de los filmes claves del noir, Cara de ángel es desde luego una película decente pero, en mi opinión, con menor contundencia que otros de los clásicos del género.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 6.

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