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Harry Brown

27 Jul

“En principio, escojo los grandes papeles y, si no me viene ninguno, opto por papeles mediocres y, si aún así no hay ninguno, elijo los que sirvan para pagarme la hipoteca.”

Michael Caine

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Harry Brown

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Año: 2009.

Director: Daniel Barber.

Reparto: Michael Caine, Emily Mortimer, David Bradley, Ben Drew.

Tráiler

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            El vigilante encuentra bases firmemente enraizadas en los tiempos de decepción e inestabilidad social de los setenta, más tarde proyectado exponencialmente, una vez despojado de casi todo matiz en su personalidad, en los ochenta de la mano dura y el ojo por ojo políticos, como el principal buque insignia del cine de acción de todo tipo y tamaño, con pervivencia, prácticamente sin variaciones formales, hasta nuestros días, más aún a causa de la nostalgia por ese pasado legendario del cine rudo y sin contemplaciones de la década, como muestran homenajes como Los mercenarios o John Rambo, o remakes como The Mechanic y otros.

             Desde la pérfida Albión, Harry Brown tiene la decencia de devolver a los papeles principales a uno de los galácticos de la gran pantalla, Michael Caine, eso sí, para un papel que hubiera firmado con gusto el mismísimo Charles Bronson. Un rol que hay que recordar no es extraño para el propio Caine, quien ya protagonizó un vengativo thriller setentero pleno de arrestos, Asesino implacable, en la que encarnaba a un matón recorría los bajos fondos de Newcastle para limpiar con sangre la muerte de su hermano, o, ya en el cambio de milenio, en la menos interesante pero aún así medianamente aceptable Shiner, donde su personaje era un mediocre y mafiosete promotor de boxeo, esta vez con el ansia de venganza desatado a causa de la muerte de su hijo.

              En esta ocasión, Caine interpreta al Harry Brown del título, un hombre abatido por las muertes de su esposa e hija –esta más lejana, de niña- que ve cómo la sociedad de su alrededor se hunde en la falta de moral o de valores cívicos, con una juventud nihilista y gamberra que aterroriza el barrio por medio de la violencia aleatoria y sin sentido. Hechos ante los que Brown cierra los ojos hasta que, cómo no, le tocan la fibra con el asesinato del único amigo que le quedaba. Es ahí cuando dejará atrás los remilgos para dar rienda suelta a su furia, destinada a implantar la justicia donde no llega una ley pública dimitida a propia voluntad.

              Pese al esfuerzo de Caine, que dota de un enorme empaque a su personaje, mucho más de lo que se merecía, Harry Brown no deja de ser una película bastante tonta en su desarrollo, donde la ambientación oscurantista que busca Barber, que tenía bastantes posibilidades, serviría de algo si no cayera en la insistencia machacona de regodearse en el tremendismo barato y si no se le echaran a perder por su excesiva duración numerosas escenas –los manidos interrogatorios, ese disfrute con la descripción de lo más sórdido de la marginalidad-, pasajes estos que curiosamente coinciden con cuando Caine se aleja de la cámara, lo que da a entender cuánta parte del peso de la película gravita sobre su personaje y su actuación.

              Una lástima que a un actor superlativo como Caine no se le concedan –o se conceda a sí mismo- papeles protagonistas con mayor asiduidad o que, en todo caso, sea en películas fallidas como esta Harry Brown, la cual, pese a sus referencias al Taxi Driver de Scorsese o su posible punto de lejano encuentro con el Gran Torino de Eastwood –señor mayor que pone orden en un barrio arrasado por la delincuencia juvenil-, tiene mucho más del simplismo reaccionario de El justiciero de la ciudad que de la complejidad dramática y psicológica o el lirismo de los anteriores.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 4,5.

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