127 Horas

21 Jul

“Pobre juventud: ¡Qué fácil es naufragar! Dichoso aquel que estuvo en peligro entre el oleaje del mar y logró llegar a la orilla.”

San Giuseppe Marello

 

 

127 Horas

 

Año: 2010.

Director: Danny Boyle.

Reparto: James Franco, Clémence Poésy, Treat Williams.

Tráiler

 

 

             127 horas tiene mucho de película de náufragos. Esencialmente, ambas se rigen por el mismo concepto, al igual en parte que el coetáneo thriller español Buried. Un hombre queda atrapado por la naturaleza en un reducto inhóspito en el cual ha de escapar o ha de morir. Un hombre solo contra la adversidad en una experiencia extrema que siempre conlleva una carga simbólica, la de la forzada penitencia del individuo en su particular purgatorio, en el que ha de repasar su vida pasada y reconsiderar las actitudes y valores que le han movido hasta entonces, sus errores y aciertos, hasta su última resurrección como hombre renovado.

             Así pues, nada de lo anterior queda fuera de la nueva película del escocés Danny Boyle, su regreso tras el triunfo en los Oscar por Slumdog Millionaire, una cinta ligerita, llevada con habilidad y de cierto encanto horterilla. Aquí escoge la historia real del aficionado al deporte extremo Aron Ralston y su trágico accidente en Blue John Canyon, Utah, presentado como un tipo cool que no duda en recoger los achiperres e irse a practicar mountain bike, escalar riscos y adentrarse en grietas durante todo un fin de semana sin avisar a nada ni a nadie sobre a dónde dirige sus pasos. Lo que provoca que, después de caer por una fosa y quedar aplastado su brazo derecho bajo una enorme roca, nadie sepa de él.

             Son un tipo de películas estas que basan gran parte de su efectividad en la potencia del intérprete principal, generalmente el único que sostiene la acción en la mayoría del metraje, como fue Tom Hanks en Náufrago o Ryan Reynolds en Buried, peso que recae sobre un James Franco hasta ahora con poca relevancia en la industria pese a haber desempeñado papeles ciertamente meritorios en filmes anteriores. Su actuación como Ralston, con quien trabajó buena parte del rodaje para obtener inspiración directa, es fantástica, consiguiendo establecer una gran empatía en el reflejo de su tránsito de joven chulito y seguro a hombre vulnerable y tierno, pasando por la estupefacción y el terror de la situación. La ayuda de Boyle en la dirección es inestimable, marcando el ritmo de la función con su apurada estética videoclipera habitual, que podría parecer aquí un ejercicio de banalidad absoluta, y que, a pesar de ello y de que un par de alucinaciones que sufre el protagonista quedan un poco fuera de lugar, sabe transmitir la sensación de desesperación, de agobio y de claustrofobia que padece Ralston, escenas no aptas para estómagos sensibles incluidas.

Aunque es cierto que bien se podría decir que, finalmente, Boyle se limita a recrear esa angustia física más que la angustia vital del protagonista, más su ansia de vida que una posibilidad de profundidad o trascendencia en su contrición.

No obstante, logra de largo el impacto que busca.  

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

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