El último tango en París

20 Jul

“Normalmente el espacio nos domina, pero Brando, por el contrario, domina el espacio. Aunque esté completamente quieto, digamos, sentado en una silla. Brando ya se ha apoderado de ese espacio. Y su actitud frente a la vida es distinta de la de los demás.”

Bernardo Bertolucci

 

 

El último tango en París

 

Año: 1972.

Director: Bernardo Bertolucci.

Reparto: Marlon Brando, Maria Schneider, Jean-Pierre Léaud.

Tráiler

 

 

            Bernardo Bertolucci, uno de los más significativos autores del denominado Cinema Nuovo italiano, confirmaba su relevancia internacional con El último tango en París, rodada en la capital francesa, protagonizado por un mito del cine a nivel mundial como un Marlon Brando que venía de montar escándalo en Hollywood por el trato a los indios en las películas del Oeste y, sobre todo, por el enorme escándalo que suscitaría la película por su crudeza sexual, que la llevaría a ser censurada o prohibida en numerosos países. Por supuesto también en una España tardofranquista en la que se fletaban autobuses de excursionistas que subían hasta Perpignan solo para ver cómo Brando untaba de mantequilla el culo de la debutante Maria Schneider, entre otras cosas.

            Más allá de las escenas de sexo desinhibidas, El último tango en París habla de la soledad, del aislamiento, del brutal vacío existencial de un hombre devorado por unos demonios que le acosan tras la muerte de su mujer, con un pasado doloroso, sin presente ni futuro, que pasea su tristeza y angustia por las calles de París, cuya proverbial belleza se revela incluso sombría, cenicienta, mortecina. El encuentro casual con una joven que también quiere dejar atrás un pasado representado sobre todo por su inocencia, como transición de madurez entre adolescencia y edad adulta, parece que pudiera darles a ambos el futuro que necesitan, entrelazados en una relación enfermiza y destructiva donde aún no se pueden despegar del olor a muerte que invade el ambiente y en el que el sexo sabe a desesperación en uno, a malsano rito iniciático en otro, ambos en una burbuja en la que no existen los nombres, no existe el pasado y no hay comunicación posible como tampoco existe afuera, en una sociedad que agoniza en sus valores artificiales e impostados –como refleja la relación de la chica con su supuesto novio verdadero, pura farsa cinematográfica-, valores carentes de todo sentido, caducos, rancios y decadentes. Solo existe el presente. Y el presente es sexo como movimiento instintivo, como reacción de vida más primaria.

            Bertolucci compone una obra dura, sin concesiones, tremendamente amarga, en la que vuelve a hacer gala de su habilidad para el montaje estilizado y el encuadre y las tomas de gran riqueza tanto artística como simbólica, con una fotografía plomiza, sombría y apagada –firmada por Vittorio Storaro– que capta el espíritu desolado del protagonista, interpretado por un colosal Brando con gran peso en su construcción -lo que incluye algún que otro detalle autobiográfico- y que se come la pantalla a su antojo, liberado por el director de cualquier atadura. Un personaje lleno de fuerza que se contrapone con un rol femenino mucho más desdibujado, lo que resta virtudes a la cinta, muy descompensada en ese retrato de caracteres.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 8.

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