Gallipoli

11 Jul

“Galípoli fue el nacimiento de una nación. Fue hacer añicos el sueño de Australia. Se habían juntado como compañeros para pelear contra los hunos y terminaron muriendo a miles en una sucia guerra de trincheras.”

Mel Gibson

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Gallipoli

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Año: 1981.

Director: Peter Weir.

Reparto: Mel Gibson, Mark Lee, Bill Hunter, Robert Grubb, Tim McKenzie, David Argue.

Tráiler

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            Aunque la aportación australiana al cine ya había dejado nombres como el tasmano Errol Flynn, su presencia a nivel mundial no se desarrollaría hasta la década de 1970, cuando las producciones nacionales australianas se deciden a dar el salto internacional con un cine propio que contaba con una notable promoción gubernamental a través de la Australian Film Commission y con la calidad e interés necesarias para triunfar en los Estados Unidos. Surgen así dos exitosas corrientes, paralelas y muchas veces enraizadas entre sí: el ozploitation, que exprime con gran desenfado y actitud provocadora los temas equiparables a los del cine de explotación americano y al que se añade el exotismo, los estereotipos y el lenguaje propio del Outback, y la Australian New Wave, más académica, del que surgen nombres como los directores Bruce Beresford, George Miller o Peter Weir y actores como Sam Neill, Judy Davis, Nicole Kidman o el propio Mel Gibson.

             Peter Weir, quien ya había conseguido cierto reconocimiento nacional y más tarde internacional con películas como Picnic en Hanging Rock y La última ola, se disponía a abordar uno de los mayores hitos de la breve historia del país austral, considerado por muchos el hecho que desencadena su nacimiento como verdadera nación, como es la de la participación en 1915 de la ANZAC, el ejército australiano-neozelandés, en la batalla de Galípoli, en territorio del Imperio otomano, parte de los denominados Imperios Centrales, en la Primera Guerra Mundial, aún como dominio del Imperio británico.

            Concebida a partir de una historia del propio Weir, adaptada por el guion de David Williamson -con quien repetiría al año siguiente en El año que vivimos peligrosamente-, Gallipoli es un entonado canto a la amistad, protagonizado por dos jóvenes que en principio comparten en común poco más que su afición al atletismo y que, por unas u otras razones –uno es un aventurero y patriota convencido, el otro un pícaro que se dedica a vivir la vida tal y como le viene- se enrolan en las fuerzas australianas que se encuentran en plena campaña, hasta entonces gloriosa, en el Imperio otomano.

Siempre con el conflicto como telón de fondo, como una llamada cada vez más cercana y terrible a la pérdida de la inocencia y a un destino trágico, Weir expone con suma habilidad esa relación casi fraternal entre Archie y Frank, con un enorme talento  para transmitir con encanto la calidez, la simpatía y proximidad en sus andanzas, al final contrastadas por la brutalidad de la guerra, un conflicto absurdo en al que en realidad no pertenecen, reflejado en la casi total falta de relevancia de la institución militar y de la causa bélica en la película, mucho más enfocada en un tema menos ampuloso y épico pero más emotivo y cercano como es en el sentido humano de sus protagonistas, en su camaradería, sus esperanzas, ilusiones, motivaciones y miedos particulares que pertenecen a unos personajes vivos e identificables.

             La calidad artística de Weir queda patente en una puesta en escena que destaca tanto las escenas íntimas y humanas como los grandes escenarios naturales que atraviesan los personajes en su aventura, al final cambiados por abigarradas, confusas y asfixiantes trincheras. Por su parte, la banda sonora contiene pasajes electrónicos fruto de su tiempo que en mi opinión no le van demasiado bien, siempre destaca la capacidad y efectividad del Adagio Albinoni para imprimir amargura a una escena, sobre todo en un final que incrementa su impacto por su contradicción con frente a todo el tono desarrollado en lo anterior del filme.

Mel Gibson confirmaba a nivel internacional, a pesar de una actuación un tanto irregular, la madera de estrella que apuntaba ya en la primera parte de la saga de Mad Max, con una excelente química con un Mark Lee que realiza un muy acertado trabajo como el alegre y concienciado Archie Hamilton.

Las acusaciones de modificación de los hechos reales de la batalla del Nek y de su antibritanismo consecuente no desmerecen la bonita y sencilla historia de amistad, que es, al fin y al cabo, lo realmente importante de la película.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

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6 comentarios to “Gallipoli”

  1. Dessjuest 12 mayo, 2012 a 16:30 #

    Sorprendente película sin duda, quizá quiera meter demasiado en tan poco metraje, creo que alguna de las partes, sobre todo las que transcurren en Australia y la totalidad del viaje con la estancia en Africa y demás, sobraban.

    Y es de las pocas cintas digamos “occidentales”, aunque Australia no esté ni de lejos en occidente, que trata de uno de los frentes más famosos de esa tremenda gran guerra, contienda que además a mí y no sé por qué me fascina.

    Eso sí, como todas cambia un poco la historia, pero es una peli, no un documental, no sé qué tiene Gibson que ha participado en un porrón de pelis históricas y todas más falsas en su rigor que un duro de chocolate.

    Saludos.

    • elcriticoabulico 12 mayo, 2012 a 17:19 #

      Cierto, es un más que recomendable canto a la amistad. Pues hablando de Gibson y sus participaciones en películas históricas, no sé donde habrá quedado aquel proyecto de hacer una de vikingos (con su idioma original, faltaba menos). La verdad es que sí me producía curiosidad…

      • Dessjuest 12 mayo, 2012 a 23:37 #

        De hecho no sabía nada de ese proyecto, pero te seré sincero, aunqeu las pelis en las que trabaja como digo son menos fieles a la realidad que yo a la belleza son eso, películas que me suelen encantar, no serán perfectas,pero entretenidas de narices, no defraudan nunca.

      • elcriticoabulico 13 mayo, 2012 a 13:57 #

        A mí si me suele gustar su estilo. Sus películas… unas más que otras. La pasión de Cristo me pareció una película bastante tonta. Una paliza de dos horas a un pobre hombre, con poca cosa que decir.

      • Dessjuest 13 mayo, 2012 a 14:19 #

        Esa ni la he visto, posiblemente porque la historia me la trae bastante al pairo.

      • elcriticoabulico 13 mayo, 2012 a 14:39 #

        Haces bien. Torture-porn neofundamentalista. Nada interesante.

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