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La leyenda de la ciudad sin nombre

25 Jun

“¡Aaah! ¡Si cantan! ¡Están cantando, Marge! ¡En vez de matar cantan!”

Homer Simpson

 

 

La leyenda de la ciudad sin nombre

 

Año: 1969.

Director: Joshua Logan.

Reparto: Lee Marvin, Clint Eastwood, Jean Seberg, Tom Ligon, Ray Walston.

Tráiler

 

 

            Dos de los tipos más duros del Salvaje Oeste, Clint Eastwood, vaquero de la nueva y descreída generación criada en las desoladas llanuras almerienses del spaghetti-western, perfectamente capaz de disparar por la espalda si es necesario, y Lee Marvin, un clásico de la bronca etílica de saloon, el Liberty Valance que había que parar por lo civil o por lo criminal, se enfrentarían en un cara a cara antológico… cantando.

            A finales de los sesenta, tanto el western como el musical seguían trayectorias parejas de decadencia. La leyenda de la ciudad sin nombre es un musical que sigue todavía los patrones clásicos del género, tan popular en las décadas anteriores, y que se encontraba ahora caduco, a punto de reinventarse; al igual que toda la industria, en definitiva. Joshua Logan propone aquí una visión desmitificadora, por medio de canciones y destacables y acertados detalles de humor gamberro, de los hirsutos y agrestes pioneros de la California de la Fiebre del Oro. Es en este contexto donde la fatalidad conduce a Ben Rumson (Lee Marvin), un trotamundos ácrata, vividor, de vuelta de todo y refractario a los modos y valores de la civilización, tanto a encontrar un próspero yacimiento de oro como a cruzar su camino con un joven emigrante que hará su socio (Clint Eastwood).

            La cinta se estructurada en dos episodios, como son la epopeya de construcción de la nueva ciudad y su fortuna y la de su posterior civilización y decadencia crepuscular, en la que la bisagra entre ambas será nada menos el matrimonio bígamo de la atractiva y testaruda Elizabeth (Jean Seberg) con ambos socios, reflejo del espíritu de libertad anómica que persigue Rumson en su constante peregrinar hacia tierras vírgenes y que domina la obra.

Joshua Logan, experto en musicales (Al sur del Pacífico, Camelot), amoríos atípicos (Picnic, Sayonara) y comedias (Bus stop, Me casaré contigo) compone con su habitual buen sentido narrativo un canto a la libertad, representado en ese genial personaje, esa estrella errante que es Ben Rumson, y una visión tan escéptica como irreverente sobre esos supuestos valores de la civilización, encarnados en este Wild West por las leyes, en este caso religiosas, al igual que, como no podía ser de otra manera, por la mujer.

Lee Marvin –quien ya había participado en una comedia western con rasgos musicales, La ingenua explosiva, junto a Jane Fonda– deslumbra aportando todo su carisma y una sorprendente vis cómica para dar forma a ese alma libre, bastante más desenvuelto que un Clint Eastwood decente aunque en ocasiones algo amojamado que venía a contradecir su fama de tipo duro susurrando melodías con su voz siseante, escupida entre los dientes de su apretada mandíbula, faceta que también aparecerá en el notable drama, no musical, El aventurero de medianoche.

           Una película en la que, obviamente hay que aguantar algún número musical que podría haberse ahorrado, pero que aún así cuenta una historia tremendamente simpática, desarrollada con un ritmo fluido lleno de refrescantes detalles de humor y, por qué no, alguna canción reivindicable.

Entretenida, y eso que es un musical y que dura más de dos horas y media (intermedio incluido).

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

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