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Al rojo vivo

16 Jun

“La historia pedía la acción más cruel que hubiera dirigido en mi vida. Tuve que recordar varias veces que Jarrett no era un asesino corriente, era un enfermo social y emocional. Su comportamiento inestable le llevaba a cometer la mayor atrocidad, para luego caer en brazos de su madre, suplicando comprensión.”

Raoul Walsh

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Al rojo vivo

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Año: 1949.

Director: Raoul Walsh.

Reparto: James Cagney, Edmond O’Brien, Virginia Mayo, Margaret Wycherly.

Tráiler

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            A lo largo de toda la década de los años treinta, James Cagney, un tipo de cuerpo pequeño y enjuto, había sido capaz de intimidar al mundo con la su sola presencia, con la determinación de su gesto y la concentrada rabia de su mirada, anuncio de muerte, espejo de un alma cruel, degradada, enloquecida por la codicia, desconocedora de todo límite que no pueda atravesar con apoyo del plomo de su pistola. La quintaesencia del gángster, un relámpago deslumbrante y abrasador surgido en los años oscuros que trajo la Gran Depresión, el fin de un sueño americano tornado ahora en retorcida pesadilla

Al rojo vivo vendrá a sellar ese viejo mito desfigurado, cercano entonces al olvido cinematográfico. Es una película sobre un final, la caída definitiva de quien se había alzado por su propia determinación hasta la cima del mundo.

            Raoul Walsh, perfecto representante del clasicismo americano por su combinación de espectáculo, narración eficaz y contenido humanista en sus películas, ya pasados los sesenta y con una alabada trayectoria a sus espaldas, cerraba su particular trilogía del cine de gángsteres, abierta con Los violentos años veinte y seguida de El último refugio.

A partir del guion de Virginia Kellogg, retrato del violento pistolero Francis Two Gun Crowley, ejecutado en Sing Sing tras dedicar sus últimas palabras a su adorada madre, Al rojo vivo describe una vez más la trayectoria de ascenso y caída del gángster.

            Sin embargo, en su condición de rabioso testamento, el icono de muerte del gángster se eleva a la máxima potencia, de forma paralela a la violencia desgarrada y cruda del argumento y la puesta en escena. Cody Jarrett es la expresión hiperbólica del arquetipo de Cagney: un criminal ultraviolento, frío, sicótico, aterrador.

Un monstruo esquizofrénico que esculpe su autoridad con el revolver y el puro terror, aplicado tanto a la sociedad que lo repudia como a sus compañeros de fechorías, a los que desprecia desde su egocentrismo y ambición desbocada. Inmisericorde hasta el sadismo, es, al mismo tiempo, un ser vulnerable y en cierto modo patético, marcado por una relación casi edípica con su protectora madre, también una mujer de armas tomar, y una impotencia lindante con lo infantil respecto de su amante (Virginia Mayo).

             Walsh se basta con dos planos para elaborar una presentación de personajes tan concisa como detallada, también demostrando de nuevo su habilidad para dar verosimilitud y fuerza a la acción junto con una precisión en la puesta en escena y buen hacer narrativo que proporcionan una de las grandes virtudes del film, como es el de el mantenimiento del suspense y la tensión en torno a la figura de Fallon (un gran Edmond O’Brien), policía infiltrado al límite entre ser socio o víctima de un Jarrett siempre al borde de la explosión de locura colérica.

Una tensión reforzada enérgicamente por ese uso explícito de una violencia que nunca había sido tan fría, tan gratuita y brutal, con unos asesinos a los que no les tiembla el pulso a la hora de ajustar sus planes con un par de cadáveres mientras comen, hablan o se mofan del infortunado. 

            Las fuertes críticas que recibiría por ello en el momento de su estreno revelan una película avanzada a su tiempo, como del mismo modo refleja esa exposición más naturalista de la policía, empleando métodos más elaborados y científicos de lo que solía aparecer en pantalla, a la vez retratada con mayores matices y cierto aire pesimista desde la conciencia de de su falibilidad.

La ejecución definitiva del cine de gángsteres. Un clásico.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 8,5.

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