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Dillinger

8 Jun

“Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón quise ser un gangster.”

Henry Hill (Uno de los nuestros)

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Dillinger

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Año: 1973.

Director: John Milius.

Reparto: Warren Oates, Ben Johnson, Michelle Phillips, Harry Dean Stanton, Geoffrey Lewis.

Tráiler

          Aunque ya había participado en la elaboración de múltiples guiones, entre ellos el de Harry, el sucio, sin acreditar, el controvertido John Milius no dirigirá su primera película hasta Dillinger. Miembro junto a otros como Coppola, Scorsese, Spielberg o Lucas de la generación de “moteros tranquilos y toros salvajes” llamada a renovar el anquilosado y ruinoso Hollywood de las superproducciones de cartón piedra, los estereotipos y la falta de ideas, Milius reproducía en Dillinger muchas de las constantes renovadoras del género de gángsteres de las que el Bonnie & Clyde de Arthur Penn había sido precursora como una de las primeras películas que anticipaban ya este Nuevo Hollywood.

            Como en la anterior, Dillinger presenta a unos asaltadores de bancos y pistoleros que son las estrellas de y en la película; verdaderos modelos e ídolos de masas, antihéroes ácratas y nihilistas -en realidad ni siquiera el dinero robado parece tener relevancia alguna en su vida-, producto directo de la ruina y la decepción de una sociedad y de un país. Una carrera delictiva que recorre la vida real del enemigo público número uno, John Dillinger (Warren Oates), y su banda y que se enfrenta a la trama paralela y luego en confluencia de la carrera policial del agente del recién creado FBI Melvin Purvis (Ben Johnson), desarrollada episódicamente y en voz en off, que pese a ese revestimiento de honorabilidad como defensor de la ley no es sino igual de violenta e inclemente, un representante de la ley que es a la vez perseguidor y juez sumario, donde solo hay cabida para la ejecución por la sangre y los procedimientos legales nunca se contemplan.

Es decir, como ya proponía Bonnie & Clyde, se da una difuminación de las líneas del bien y del mal en aras de un mayor realismo de situaciones y personajes, huyendo del maniqueísmo, con el protagonismo de unos delincuentes cuyos actos violentos y delictivos no son juzgados moralmente y donde malhechores y representantes del orden establecido son más parecidos de lo que correspondería a los cánones sociales. Unas pretensiones de realismo que se refuerzan por la filmación cruda, incontenida y provocadora de la violencia, que no repara en tiroteos, sangre y muertes en primer plano de todo tipo de personajes, junto con una puesta en escena que incluye tomas a cámara en hombro, si bien resultan un poco impostadas respecto al resto del film, en una película que transcurre con agilidad gracias un montaje que va dando saltos algo abruptos por los últimos años de correrías de Dillinger.

             Por otra parte, destaca un reparto en el que Milius se atreve a conceder el protagonismo a Warren Oates, actor de carácter forjado como secundario en mil batallas con todo tipo de directores, uno de los componentes habituales de las películas de Peckinpah y que venía pidiendo a gritos un papel principal, como luego le concederá también Bloody Sam en la extraordinaria Quiero la cabeza de Alfredo García. Como contrapunto, Ben Johnson, otro grande de la troupe de Peckinpah -precisamente Oates y él encarnaban a los hermanos Gorch en la obra maestra Grupo salvaje-, quien ya había logrado por entonces merecido reconocimiento de la Academia, frecuentemente tan ciega, complaciente y cobarde, como mejor actor secundario en La última película. Como era de esperar, ambos están magníficos en sus papeles de Dillinger y Purvis respectivamente, bien secundados por otros intérpretes con oficio como Harry Dean Stanton o Geoffrey Lewis.

Muy interesante.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 8,5.

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