Archivo | mayo, 2011

Sin City

24 May

“Cada vez creo menos en la realidad. Es engañosa, falsa. Aburrida, previsible. La ficción es la solución.”

Álex de la Iglesia

 

 

Sin City

 

Año: 2005.

Directores: Robert Rodriguez, Frank Miller, Quentin Tarantino.

Reparto: Bruce Willis, Mickey Rourke, Clive Owen, Jessica Alba, Jaime King, Rosario Dawson, Nick Stahl, Elijah Wood, Benicio del Toro.

Tráiler

 

           Robert Rodriguez, aprendiz de Tarantino. Etiqueta que siempre ha acompañado al tejano por su afinidad con el director de Pulp Fiction –que, de hecho, dirige parte del film, en concreto el surrealista viaje en coche de Dwight (Clive Owen) y Jackie Boy (Benicio del Toro)-, con su también reconocido gusto por la nostalgia y recuperación de clásicos de los drive-in y las sesiones dobles así como  por la espectacularización casi paródica de la violencia. No obstante, pese a los más que notables puntos de coincidencia, en los que generalmente Rodríguez sale perdiendo en cuanto a conocimiento cinematográfico, calidad e intensidad, hay que reconocer que el tejano es dueño de un universo particular al que se entrega con loable pasión, en el que no hay lugar para obras maestras pero que sí es razonablemente entretenido.

           Sin City es su incursión en el mundo del cómic de la mano de una de las máximas figuras de este mundo, Frank Miller, que firma el guion, participa en la dirección e, incluso, se permite un cameo en el film. Habida cuenta de la fiebre por el cómic de Hollywood, empeñado en adaptar a personajes de carne y hueso con mayor o menor fortuna todo héroe, superhéroe y personaje de las viñetas, Rodríguez se sale por la tangente con la idea de casi introducir a los personajes reales dentro del cómic, un mundo cuya textura, gramática y expresividad circula directamente de la mente de Miller a la pantalla, ordenador y croma mediante. Unos códigos formales de la historia gráfica que se mantienen con enorme éxito, logro incuestionable de Sin City, ya con el tratamiento de la imagen, combinando el oscurísimo blanco y negro con pinceladas de color a imitación del formato original, como con el preciso uso de la voz en off reproduciendo los soliloquios de los personajes así como unos diálogos secos y contundentes respecto al contenido, que trasvasan casi literalmente el imaginario original de Miller a la gran pantalla. La historia gráfica en movimiento. Un precedente innovador y exitoso que se traducirá en posteriores adaptaciones de otras obras como 300, también de Miller, con igual fortuna gracias al dominio visual de Zack Snyder, o en Scott Pilgrim contra el mundo, con gran simpatía y desparpajo, frente a mayúsculos fracasos como The Spirit, aventura de Frank Miller como director en solitario en la adaptación del original de Will Eisner.

            Más allá de este incuestionable éxito formal, Sin City ofrece, a través de tres historias extraídas de la obra de Miller –la lucha del detective Hartigan (Bruce Willis) por salvar a la niña Nancy Callaghan (Jessica Alba), la brutal venganza de Marv (Mickey Rourke) por el asesinato de su amante y el enfrentamiento entre prostitutas y policías por el control de Old Town-, un argumento que no es sino la distorsión hasta el desquiciamiento de los códigos estéticos y temáticos del noir, llevando al extremo sus ambientes turbios, sordidez, amoralidad, cinismo, corrupción y ambigüedad general en los antihéroes protagonistas, personajes encarnados por un elenco irregular como pocos, con buenas actuaciones –es obligado mencionar al sorprendente Rourke- frente a otros actores que están lejos de ofrecer una interpretación de garantías pese al apoyo del tratamiento digital –qué malo es el pobre Clive Owen-.

En definitiva, un exceso general que concuerda con la idea primigenia de Miller y que hace de este exuberancia visual y de contenidos tanto su mayor virtud como su puesta de fecha de caducidad, logrando un espectáculo visual magnífico, una ambientación encomiable para una obra realmente absorbente pero a la trascendencia se le queda corta, mucho menor de lo que la historia de Miller y el proyecto general pedía, demasiado autocomplaciente con sus logros estéticos como para cargar de mayor profundidad a una historia que sí transcurre fluida y mantiene el interés y el entretenimiento durante las dos horas del metraje –aunque sobra parte del final, que acaba por ser demasiado repetitivo-, lo que no es poco, pero que podría ser mucho más.

Eso sí, desde luego es enormemente disfrutable.

 

Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

Mayor Dundee

23 May

“Sam Peckinpah es la única persona a la que he amenazado físicamente en un rodaje.”

Charlton Heston

 

 

Mayor Dundee

 

Año: 1965.

Director: Sam Peckinpah.

Reparto: Charlton Heston, Richard Harris, Senta Berger, Jim Hutton, James Coburn, Michael Anderson Jr.

Tráiler

 

 

           Una vez conseguido cierto reconocimiento como director, un poco de tiempo después del estreno Duelo en la Alta Sierra, Sam Peckinpah era el elegido por Columbia para encargarse de la dirección del libreto de Harry Julian Fink Mayor Dundee, que narra la expedición suicida de un heterogéneo contingente de unionistas, sudistas vencidos y civiles desarrapados para reducir a los apaches que saquean sin piedad el territorio de Nuevo México, además de enfrentarse con el ejército francés que, por esos azares de la Historia, se encontraba defendiendo otra rareza como es el trono del emperador Maximiliano I de México.

           Con la remodelación de parte del guion original, construido en torno al diario del corneta de la malograda expedición, el director californiano decidió orientar la película hacia temas inequívocamente peckinpahquianos, aparte de rodearse en el reparto de parte de sus secuaces  habituales como L.Q. Jones, Dub Taylor, Slim Pickens, R.G. Armstrong o el gran Warren Oates. En primer lugar, el Peckinpah centró el peso del film más hacia la relación entre Dundee (Charlton Heston) y el teniente confederado Tyreen (Richard Harris) que hacia la persecución de los apaches; un enfrentamiento entre almas gemelas que han tomado caminos contrapuestos pero que aún conservan esa complicidad pese a estar avocados a la tragedia; personajes contradictorios, complejos pero fieles a sí mismos que son una constante en su cine, como muestran la precedente Duelo en la Alta Sierra o en las posteriores Grupo salvajePat Garrett y Billy the Kid. También personajes estos defenestrados por la vida y que se enrolan en una misión que, al igual que ellos, está destinada al fracaso absoluto desde su concepción pero que sin embargo la sangre le llama a ella, las vísceras obligan a ese último grito de reivindicación de uno mismo frente al mundo en un avance testarudo contra lo que haga falta. A esto se le suma la presentación de México con esa contradicción entre el retiro espiritual pacífico, la calma que precede a la tormenta, en contraste con la posterior violencia salvaje a la que conducen los acontecimientos, y, sobre todo, la figura recurrente de la mujer de dudosa virtud pero símbolo de fuerza salvadora, como sentido vital más allá de la épica desesperada, representada aquí en la bella Teresa Santiago (la austríaca Senta Berger).

           Una cinta que alcanza momentos de enorme intensidad, sobre todo en esa mencionada relación entre Dundee y Tyreen, aprovechando un elenco de gran nivel, con un buen pulso narrativo pero que sufrirá una razonable ración de tijera en la sala de montaje, fruto de otra de las constantes del rebelde de Hollywood: su enfrentamiento radical con la productora correspondiente, lo que al final acaba por restarle algo de fuerza y continuidad al conjunto.

Interesante y entretenida.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 8.

Retorno al pasado

21 May

“La novela policíaca ha producido peor literatura que cualquier otro género, excepto que la novela romántica, y probablemente mejor literatura que cualquier otra forma literaria más reconocida o apreciada.”

Raymond Chandler

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Retorno al pasado

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Año: 1947.

Director: Jacques Tourneur.

Reparto: Robert Mitchum, Jane Greer, Kirk Douglas.

Tráiler

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            Jacques Tourneur, director de origen francés mudado en su juventud a Estados Unidos, fue el autor más visible en la renovación del género fantástico de los años cuarenta, a la cabeza de lo que el sistema de producción americana venía a denominar serie B, es decir, películas con presupuestos medianos o bajos, actores de segunda fila y carencia general de medios que si acaso se sostenían artísticamente por el mayor o menor vigor, habilidad y aprovechamiento de recursos artísticos por parte de su director. En este caso, Tourneur fue uno de sus grandes creadores, autor de clásicos del género como La mujer pantera y Yo anduve con un zombie; obras dotadas de un enorme vigor narrativo y una gran fuerza expresiva en el uso de la puesta en escena, iluminación, banda sonora, etc.,  

Una vez obtenido mercido reconocimiento artístico, Tourneur logró ascender en el escalafón del estudio RKO hasta la serie A, donde se encuadra ya esta Retorno al pasado, película inscrita en el cine negro, género que en sus comienzos también pertenecía a la serie B, extraído directamente de la literatura pulp, con sus personajes de moral ambigua, frases concisas y cortantes, sórdida atmósfera en escenarios urbanos, etc. y que, a partir más o menos del éxito de El halcón maltés de John Huston, se había aupado de igual modo a lo más alto del sistema de los estudios de Hollywood.

           Así pues, Tourneur ponía todo su buen hacer artístico al servicio de la adaptación de la novela de Geoffrey Homes, alias del periodista y escritor Daniel Mainwaring, para construir uno de los más grandes noir de la historia del cine. Retorno al pasado cuenta cómo un casi anónimo Jeff Bailey (Robert Mitchum) ve como la sombra de un turbulento pasado se deja caer por la gasolinera que regenta en un recóndito pueblo de California para devolverle de golpe a su vida anterior, materializada en la realización de un nuevo trabajo como detective privado para el millonario Whit Sterling (Kirk Douglas).

De este modo, se constituyen las dos mitades del film: una primera donde viaja al encuentro de Whit a la vez que rememora los hechos, con el primer encargo del propio Whit de hallar y devolverle a Kathie (Jane Greer), una femme fatale con cara de ángel fugada con su dinero tras dispararlo, de quien Bailey se enamora y huye hasta un funesto desenlace que explica su situación de ocultamiento;  y una segunda en la que deberá recuperar los documentos financieros de Whit para evitar su procesamiento por la justicia, tormentoso reencuentro con Kathie incluido.

           Una intriga tremendamente absorbente, llena de tensión de principio a fin, basada en un solidísimo guion que contiene toda una colección de diálogos y frases dignas de enmarcar, resaltado por una dirección igual de sutil e inteligente y todo ello envuelto en un blanco y negro turbio, densísimo, con espectaculares e hipnóticos juegos de sombras gracias a la potentísima puesta en escena de Tourneur, una ambientación magistral en la que Mitchum se luce en cada escena, comiéndose la pantalla frente a una de las femmes fatales más cautivadoras a la par que retorcidas del cine negro.

Obra maestra.

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 8,3.

Nota del blog: 10.

La balada de Cable Hogue

20 May

“Claro que hubo prostitutas durante el rodaje de La balada de Cable Hogue. No lo puse en mis memorias porque tengo una esposa que podría matarme, y no es ninguna broma. Cuando escribes con una pistola metida en la oreja… ¡escribes otras cosas!”

Max Evans

 

 

La balada de Cable Hogue

 

Año: 1970.

Director: Sam Peckinpah.

Reparto: Jason Robards, Stella StevensDavid Warner.

Tráiler

 

 

             Sam Peckinpah iniciaba la década de los setenta confirmado como uno de los maestros del western crepuscular –películas centradas más en las miserias humanas que en la deslumbrante épica de un Destino Manifiesto ya pasado a mejor vida- tras el éxito de una obra maestra como Grupo salvaje y dispuesto a romper algunos esquemas con una película donde sí aparecen constantes de su obra como el protagonismo de perdedores así como un Salvaje Oeste en vías de extinción junto con detalles extraños en su trayectoria, como el peso prácticamente central de la historia de amor o los detalles de humor con juegos técnicos como el uso de efectos especiales o el empleo de cámara rápida –qué contraste con su recurrente cámara lenta para filmar la violencia extrema– e, incluso, una escena musical algo cursi en una obra que se podría calificar como esencialmente positiva y casi optimista. Quizás por eso, el propio Peckinpah la reconocería como la película favorita de su filmografía.

            La balada de Cable Hogue es, por tanto, el poema de un perdedor, Cable Hogue (inmenso, como siempre, Jason Robards), noble pero curtido por las cicatrices de un mundo poco piadoso con la decencia, y que, gracias a un golpe de la fortuna, en vez de morir de sed en el desierto haya un pozo de agua que le permitirá montar una próspera estación de paso en medio de la desolación, aventuras donde, sin olvidar el deseo de venganza contra los dos individuos que lo abandonaron –presentada más como necesidad humana que como concepto de justicia-, trabará amistad con el excéntrico y lascivo reverendo Joshua (David Warner) y se enamorará del escote de la dulce prostituta Hildy (Stella Stevens), figura que sirve también para contradecir las no infundadas acusaciones de misoginia contra Peckinpah; un personaje bondadoso, retratado con enorme sensibilidad y ternura; la demostración de que el calor de la necesidad de amor se instala más profundo que el de ese hambre de venganza.

Un sentimiento de cariño que el director californiano extiende también hacia el resto de personajes con su habitual lirismo elegíaco, últimos supervivientes de un mundo que está condenado a la desaparición, al igual que aquellos como el bueno de Hogue, a los que le es imposible adaptarse a él independientemente de su aparente fortuna momentánea y que nunca dejarán de ser lo que son, perdedores con dignidad.

            Posiblemente se le puede achacar un final poco convincente en las formas, no así en el fondo, pero que sin embargo no logra mermar la calidad de una cinta atípica en la trayectoria del conocido como el renegado de Hollywood.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 9.

Soldado de fortuna

19 May

“Soy uno de los seres más sensibles de la Tierra.”

Jean-Claude Van Damme

 

 

Soldado de fortuna

 

Año: 1998.

Director: Peter MacDonald.

Reparto: Jean-Claude Van Damme, Adewale Akinnouye-Agbaje, Nicholas Farrell, Steven Berkoff, Daniel Caltagirone, Ana Sofrenovic.

Tráiler 

 

           Finales de milenio. La diarquía de reyes de la acción surgidos de los tiempos de mano dura y ojo por ojo en que Reagan y Tatcher dominaban la Tierra, iniciaban una pronunciada decadencia, a la par que el género en sí. El ubérrimo Arnold Schwarzenegger seguía diversificando su carrera por los terrenos de la autoparodia combinada con su género primordial además de albergar la simiente de una posible participación política y de, quizás, ampliar su familia extramaritalmente. Por su parte, Sly Stallone se empecinaba en continuar con clásicos de acción simple y directa, que lo llevarán a una momentánea decadencia hasta su resurgir por la vía más bruta, reproducir todos sus éxitos aprovechando la nueva capacidad adquisitiva de los melancólicos jóvenes que siguieron sus epopeyas dos décadas atrás.

Tras ellos, Bruce Willis optaba por una incomprensiblemente exitosa reconversión a actor dramático y Wesley Snipes sobrevivía aún con dignidad en una época en la que los vampiros eran gente peligrosa y estaban más cerca de los canis makinetas que de los emos ñoños.

Un escalón aún más abajo, Jean-Claude Van Damme y Steven Seagal se disputaban postreramente las últimas migajas del imperio del mamporro y la patada alta, claudicados héroes similares como Jackie Chan, el supuesto heredero del difunto icono de las artes marciales Bruce Lee, dedicado a la gimnasia humorística aún casi con tanta gloria como pena, y Chuck Norris, concentrado casi en exclusiva en imponer la justicia, patada giratoria mediante, en la turbulenta Texas, o con el rotundo fracaso anterior de los primeros experimentos de la WWE en la gran pantalla, con Hulk Hogan, su gran y marrón figura, al frente.

           Así pues, mientras Seagal agotaba sus trasnochadas películas de justicia ecológica, Van Damme cambiaba de registro desde la pelea y los tiros puros y duros a la aventura colonial de principios de siglo XX con tintes bélicos para lograr el que prácticamente sería su último éxito.

Y es que Soldado de fortuna es casi una cinta con un argumento normal, desde una excusa cualquiera –no importa demasiado, pero es una huida de un mafioso marsellés emparejado con aquella novia que Van Damme plantó en el altar pero que desea llevar a los USA- que le lleva a enrolarse en uno de los ejércitos más duros del planeta: la Legión Extranjera francesa. De esta manera, se dará una historia de exigente formación militar, establecimiento de noble camaradería castrense frente a superiores capullos y resistencia del asedio al estilo de El Álamo, Zulú y obras similares, frente a los terribles guerreros del Rift marroquí en lo que acaba siendo una sucesión de batallas sin descanso.

Como decía, llena de tópicos, situaciones archiconocidas y previsibles pero normal, con un argumento hilado con cierta continuidad lógica, con un ritmo decente, de entretenimiento pasable y con un Van Damme en un papel más “serio” y al que obviamente nunca contrataría para una representación de Shakespeare pero que no es un actor tan, tan terrible como dice su etiqueta.

            Uno de los últimos rugidos del periodo de auge de las películas de los grandes dinosaurios de la acción.

 

Nota IMDB: 4,9.

Nota FilmAffinity: 3,8.

Nota del blog: 4,5.

Camino a la libertad

18 May

“Cuando todo indica que por un lugar no se puede pasar, es necesario pasar. Se trata precisamente de eso”

Alfred Mummery

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Camino a la libertad

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Año: 2010.
Director: Peter Weir.
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          Director de grandilocuentes historias de tintes épicos, con gusto por los grandes escenarios panorámicos, Peter Weir retornaba tras siete años de inactividad para ponerse a las órdenes de la National Geographic en la recreación del libro del polaco Slavomir Rawicz, obra que narra la historia pseudobiográfica –muchos analistas y casi cualquier persona con sentido crítico dudan de su veracidad- de la huida del propio autor y otros seis acompañantes de un gulag soviético a través de Siberia, Mongolia, China y Tíbet hasta la India británica.

          Dentro de esa enormidad paisajística, desde luego mostrada con belleza y con una buena puesta en escena, Weir aleja la historia de casi cualquier intención de simbolismo o profundidad, pese al rechazo simplón del totalitarismo comunista de fondo, para un concepto de viaje que siempre es elemento de sencilla y expresiva metáfora en muchas otras obras, ya sea en sentido iniciático de cambio físico y mental del protagonista (cualquier variación de la Odisea como O brother! y otros como Masacre: ven y miraEl verano de Kikujiro, El viaje de Chihiro), de liberación y descubrimiento personal o nacional (Easy Rider, Una historia verdadera, Diarios de motocicleta, Hacia rutas salvajes), alegóricos e iluminados descensos al infierno (Moby Dick como modelo fundacional; Aguirre, la cólera de Dios, Apocalypse Now) o de experiencias humanas límites, con afloramiento de las bajas pasiones del ser humano o, más parecidas a ésta y generalmente con situaciones más crudas y tratamientos menos amables, de supervivencia extrema (búsqueda aventurera de botines como El tesoro de Sierra Madre, Montaña siniestra; reducción al salvajismo también en una cárcel natural en Tasmania).

Un relato inundado por la épica que es más bonita que interesante, más un espectáculo visual que un alegato de cualquier cosa; un viaje vacío de significado más allá de la capacidad de cabezona supervivencia de los protagonistas, totalmente planos e interpretados con superficialidad por unos actores que no transmiten demasiado a excepción, obviamente, de un Ed Harris al que siempre es de agradecer ver en cualquier tipo de producto.

          Bien presentada, Camino a la libertad es un espectáculo medianamente fluido de sucesión de sobrecogedores parajes naturales dignos de la fotografía de su productora, pero poco más.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 5.

Ahora los padres son ellos

17 May

“La paz y la armonía constituyen la mejor riqueza de la familia.”

Benjamin Franklin

 

 

Ahora los padres son ellos

 

Año: 2010.

Director: Paul Weitz.

Reparto: Ben Stiller, Robert De Niro, Jessica Alba, Owen Wilson, Teri Polo, Colin Baiocchi, Daisy Tahan, Blythe Danner, Barbra Streisand, Dustin Hoffman, Harvey Keitel, Laura Dern.

Tráiler

 

            Continuación de la hilarante y pesadillesca Los padres de ella y de su primera secuela, Los padres de él, que aún arrancaba algunas risas de ese enfrentamiento cómico entre grandes actores del método, Ahora los padres son ellos viene a confirmar la tendencia del cine de Hollywood a agotar cualquier filón que pueda dar dinero fácil y cómodo sin devanarse demasiado los sesos en hacer nada que suene a original.

            Abandonada la renovación que proponía con buenos resultados la segunda parte, con la contraposición entre progenitores conservadores y progresistas, provocada en parte por la renuncia de Hoffman a aparecer en más de seis escenas por desavenencias con el guion y con la dirección –el efectivo Jay Roach pasa a la producción cediendo el testigo a Paul Weitz-, el argumento recupera el esquema de la película original, como suele suceder en las trilogías, un nuevo via crucis de Greg Follen (Ben Stiller) con su tiránico suegro (Robert De Niro), en el que se aportan nuevas claves de supuesto humor con los hijos y una nueva y explosiva compañera de trabajo del primero (Jessica Alba) para introducir chistes sobre la sucesión de generaciones familiares, los problemas de la paternidad y la infidelidad.

            Una cinta que aporta cero sorpresas y humor muy, muy escasito, con chistes ya desgastados, típicos enredos, predecibles equívocos y unas cuantas bromas bastante pedestres, aunque quizás se podría ser condescendiente con la innegable aptitud de Owen Wilson para parecer un capullo y con que un niño gordito y simpaticón como Colin Baiocchi siempre tiene todas las de ganar en una película de humor.

Por el contrario, De Niro vuelve a imitarse (mal) a sí mismo siguiendo su línea de suicidio artístico de la última década, la guapa –guapísima- Jessica Alba no parece tener demasiado futuro en la comedia alocada, si bien su personaje no ayuda en nada, y el cameo de un nuevo old schooler del Actor’s Studio como Harvey Keitel queda totalmente desustanciado, poco más allá de la anécdota.

Poco se puede decir de una comedia en la que no te ríes.

 

Nota IMDB: 5,3.

Nota FilmAffinity: 5.

Nota del blog: 3.

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