Kamchatka

25 May

“No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre.”

Sigmund Freud

 

 

Kamchatka

 

Año: 2002.

Director: Marcelo Piñeyro.

Reparto: Matías del Pozo, Ricardo Darín, Cecilia Roth, Milton de la Canal, Tomás Fonzi, Héctor Alterio.

Tráiler

 

 

            Los conflictos sociales, la intolerancia, la guerra, el horror, son conceptos que posiblemente no sean innatos en el ser humano. No son comprensibles desde la inocencia de un niño. En el cine ha habido buenas muestras de ese contraste, de aprendizaje vital en un entorno de degradación y desolación humanos a través de una relación paterno-filial que se erige en la única esperanza frente a esa pérdida de humanidad, en contextos de huida, aislamiento o supervivencia forzosa por motivos como la violencia, la intolerancia y demás perversiones del alma humana derivadas de razones como la caída en desgracia en una organización gangsteril (Camino a la perdición), la radical bipolaridad y conflictividad social cainita, al igual que esta Kamchatka, (La lengua de las mariposas), del horror y sinsentido más absoluto como el Holocausto (La vida es bella), o, incluso, con el ser humano reducido casi a animal salvaje tras un Apocalipsis nuclear (La carretera).

             Con una trayectoria marcada por la preocupación por los valores humanos, la opresión del sistema sobre los individuos o de la familia como unidad, Marcelo Piñeyro enfocaba la irracionalidad, ignorancia y absurdo de la dictadura de Videla, instaurada en Argentina en 1976, desde el punto de vista de Harry (Matías del Pozo), un niño que se refugia con sus padres, hermano y el joven Lucas en una aislada casa de campo, acorralados por la amenaza del orden militar reinante en el país. Un niño que descubre los misterios de la vida y las contradicciones del ser humano, una mirada inocente que aprende sobre el valor del amor de la familia, de la resistencia y la firmeza en las propias convicciones humanistas en ese universo aislado en el que se apartan de la brutalidad; una historia desarrollada con enorme sensibilidad y delicadeza, con la contradicción entre el mundo de los juegos e ilusiones del niño -visión de inocencia reforzada también por la banda sonora- frente a un entorno hostil, de amenaza latente e incomprensible –comparada en su mente con su serie favorita, Los invasores– en una sosegada pero firme progresión dramática que conduce hasta un final realmente emotivo, impulsado por lo mejor de la escena argentina como Cecilia Roth y Héctor Alterio, que ya habían participado en trabajos previos del director, y, sobre todo, con un espectacular Ricardo Darín.

Muy recomendable.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 8.

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