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La balada de Cable Hogue

20 May

“Claro que hubo prostitutas durante el rodaje de La balada de Cable Hogue. No lo puse en mis memorias porque tengo una esposa que podría matarme, y no es ninguna broma. Cuando escribes con una pistola metida en la oreja… ¡escribes otras cosas!”

Max Evans

 

 

La balada de Cable Hogue

 

Año: 1970.

Director: Sam Peckinpah.

Reparto: Jason Robards, Stella StevensDavid Warner.

Tráiler

 

 

             Sam Peckinpah iniciaba la década de los setenta confirmado como uno de los maestros del western crepuscular –películas centradas más en las miserias humanas que en la deslumbrante épica de un Destino Manifiesto ya pasado a mejor vida- tras el éxito de una obra maestra como Grupo salvaje y dispuesto a romper algunos esquemas con una película donde sí aparecen constantes de su obra como el protagonismo de perdedores así como un Salvaje Oeste en vías de extinción junto con detalles extraños en su trayectoria, como el peso prácticamente central de la historia de amor o los detalles de humor con juegos técnicos como el uso de efectos especiales o el empleo de cámara rápida –qué contraste con su recurrente cámara lenta para filmar la violencia extrema– e, incluso, una escena musical algo cursi en una obra que se podría calificar como esencialmente positiva y casi optimista. Quizás por eso, el propio Peckinpah la reconocería como la película favorita de su filmografía.

            La balada de Cable Hogue es, por tanto, el poema de un perdedor, Cable Hogue (inmenso, como siempre, Jason Robards), noble pero curtido por las cicatrices de un mundo poco piadoso con la decencia, y que, gracias a un golpe de la fortuna, en vez de morir de sed en el desierto haya un pozo de agua que le permitirá montar una próspera estación de paso en medio de la desolación, aventuras donde, sin olvidar el deseo de venganza contra los dos individuos que lo abandonaron –presentada más como necesidad humana que como concepto de justicia-, trabará amistad con el excéntrico y lascivo reverendo Joshua (David Warner) y se enamorará del escote de la dulce prostituta Hildy (Stella Stevens), figura que sirve también para contradecir las no infundadas acusaciones de misoginia contra Peckinpah; un personaje bondadoso, retratado con enorme sensibilidad y ternura; la demostración de que el calor de la necesidad de amor se instala más profundo que el de ese hambre de venganza.

Un sentimiento de cariño que el director californiano extiende también hacia el resto de personajes con su habitual lirismo elegíaco, últimos supervivientes de un mundo que está condenado a la desaparición, al igual que aquellos como el bueno de Hogue, a los que le es imposible adaptarse a él independientemente de su aparente fortuna momentánea y que nunca dejarán de ser lo que son, perdedores con dignidad.

            Posiblemente se le puede achacar un final poco convincente en las formas, no así en el fondo, pero que sin embargo no logra mermar la calidad de una cinta atípica en la trayectoria del conocido como el renegado de Hollywood.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 9.

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