Bloody Sunday (Domingo Sangriento)

11 May

“Ellos no tienen nada en todo su arsenal imperial que pueda quebrar el espíritu de un irlandés que no quiere ser quebrado.”

Bobby Sands

 

 

Bloody Sunday (Domingo Sangriento)

 

Año: 2002.

Director: Paul Greengrass.

Reparto: James Nesbitt, Tim Pigott-Smith, Nicholas Farrell.

Tráiler

 

 

            El inglés Paul Greengrass, hasta el momento con un historial casi fundamentalmente televisivo,  irrumpía en el panorama cinematográfico internacional de la mano de esta recreación de los incidentes del Domingo Sangriento de Londonderry (Irlanda del Norte), con los disturbios entre manifestantes pro-derechos civiles y ejército británico en 1972, una muestra del compromiso y conciencia políticos que serán una constante en el director, como ejemplifican las posteriores United 93 y Green Zone: Distrito protegido y, algo menos, la loable renovación del género de espionaje de la saga Bourne.

            Domingo Sangriento rememora el conflicto en cuestión con un realista formato casi documental, cámara en mano y ambientación naturalista, muy acertado para el tipo de película del que se trata –al que quizás solo se le puede achacar el pésimo doblaje típico de este estilo de producciones pequeñas-, con marcados signos de puntuación para la transición de escenas, y presentada principalmente desde cuatro puntos de vista –un joven manifestante con antecedentes por rebeldía, el político pacifista organizador de la manifestación Ivan Cooper, un joven soldado escéptico ante la belicosidad de sus compañeros y el puesto de mando británico- en los que se demuestra que son la ignorancia, la incomprensión y la intolerancia presente en ambos bandos –sobre todo en los sectores militaristas, IRA provisional y Ejército de su Majestad, como es lógico y natural- los que, inexorablemente, conducen a la tragedia; una vehemente denuncia a la que se suma el posterior desenmascaramiento de los tejemanejes, manipulaciones y desvergüenzas políticas de turno para disimular la infamia.  

             Una tragedia presentada con detalle y verismo, poco maniquea pero sí posicionada con convicción, con una crudeza sobrecogedora gracias a la decidida dirección de Greengrass, que hace de una película pequeña un enorme alegato en favor del entendimiento político y contra la violencia como traba incompatible con cualquier proceso de conciliación o de paz.

Interesante y necesaria.

Premio del Público en Sundance y Oso de Oro en la Berlinale ex aequo con la maravillosa El viaje de Chihiro.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8,5.

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