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El gran carnaval

7 May

“Quisiera creer en Dios para darle las gracias, pero sólo creo en Billy Wilder, él es mi verdadero Dios. Gracias, mister Wilder”

Fernando Trueba

 

 

El gran carnaval

 

Año: 1951.

Director: Billy Wilder.

Reparto: Kirk Douglas, Jan Sterling, Robert Arthur, Porter Hall, Ray Teal, Richard Benedict.

Tráiler

 

 

           A Billy Wilder, leyenda del Séptimo Arte, se le reconoce sobre todo por el legado de sus siempre ingeniosas y mordaces comedias, desde sus comienzos como guionista al lado del que sería su mentor y gran influencia en el mundo del cine, Ernst Lubitsch. Pero cuando se metía en el drama, se metía de verdad.

           Al año siguiente de firmar la tan excelente como amarga El crepúsculo de los dioses, Wilder enfocaba su objetivo hacia un nuevo drama, destinado a la crítica feroz del periodismo sensacionalista y espectacularizador -temática que ya había sido denunciada en tono de comedia, no por ello con menos acierto, en Un gran reportaje y Luna nueva y, algo más de pasada, en la inmortal interpretación de la vida del magnate y fundador del periodismo amarillo William Randolph Hearst que es Ciudadano Kane-, así como a la sociedad insensible, morbosa, estúpida y egoísta que le sirve de sustento.

           El gran carnaval presenta de la manera más efectiva, desde el primer plano, a su protagonista, Chuck Tatum (Kirk Douglas), prototipo de periodista sin escrúpulos, encantado de haberse conocido y poseedor de una superioridad indiscutible sobre una sociedad palurda a la que desprecia tanto como necesita para su triunfo. Un personaje caído en desgracia y que ansia remontar el vuelo de nuevo, exclusiva de impacto mediante, desde un pequeño periódico del aburrido Alburquerque, Nuevo México. Una oportunidad de retornar a las grandes ligas que se le presenta de repente en forma de un tal Leo Minosa, tendero atrapado en unas cuevas indias (Richard Benedict), mera excusa para preparar un espectáculo de la desgracia ajena escudado en el “interés humano” que lo encumbre al lugar donde pertenece.

           A través de un solidísimo guion, rezumante de inteligencia y frases precisas y acertadas marca de la casa, la trama avanza a puñetazo limpio, cada vez más turbia y obsesiva, reflejado tanto en lo kafkiano de la situación como en el rostro y el ánimo de un Kirk Douglas pletórico,  con el cruel contraste del show provinciano que se monta en la boca de las ruinas indias donde yace el pobre diablo atrapado.

Unas ruinas que simbolizan a su vez la decadencia de la sociedad, somatizada en una prensa carroñera en busca de la emoción fácil, de la manipulación complaciente hacia una triste masa llena de curiosidad malsana y ávida de dramatismo barato en la que se han perdido todos los valores que la caracterizan, desde el propio Tatum como su cínico y nihilista servidor de casquería amarillista, hasta la mujer del accidentado (Jan Sterling), una arpía insensible movida tan solo por el interés propio.

Son, en definitiva, personajes que representan lo más indeseable de la sociedad y cuyo elemento más pernicioso es su capacidad de contaminar hasta lo poco bueno que hay a su alrededor, como el desdichado padre de la víctima o el joven aprendiz de periodista, personajes llamados a ser positivos y que, en el mejor de los casos, no tienen apenas voz ni voto en el asunto, como el honrado editor del periódico de Tatum o, como ejemplo más extremo, el propio Leo Minosa.

            Una crítica cáustica y sangrante contra el periodismo sensacionalista de más baja estofa, contra los poderes sociales corruptos y maquiavélicos y, en definitiva, contra una sociedad ignorante, enferma, deshumanizada.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 9,5.

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