La delgada línea roja

21 Abr

“Es imposible para las palabras describir lo que es necesario para aquellos que no saben lo que el horror significa. El horror. El horror tiene una cara… y uno debe hacerse amigo del horror…”

Coronel Walter E. Kurtz (Apocalypse Now)

 

 

La delgada línea roja

 

Año: 1998.

Director: Terrence Malick.

Reparto: Jim Caviezel, Sean Penn, Nick Nolte, Elias Koteas, Ben Chaplin, Adrien Brody, Woody Harrelson.

Tráiler

 

 

           Pese a estar ambientada en la batalla de Guadalcanal, en la campaña norteamericana en el Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, es difícil clasificar a La delgada línea roja como una película estrictamente bélica en el sentido de lo que podía ser, por ejemplo, la coetánea Salvar al soldado Ryan, centrada en la batalla, en la épica, en la epopeya del guerrero y el hiperrealismo de la lucha. La delgada línea roja es más la exposición de unos soldados, con un papel más simbólico que estrictamente militar, de un grupo de hombres puestos en una situación límite, extrema, como la guerra, una situación que, más allá de dirimir sobre las diferentes reacciones de posible valor heroico o cobardía, sirve para trazar profundas reflexiones sobre la esperanza y la culpabilidad, el amor y el odio, la divinidad, el hombre y la naturaleza. La vida y la muerte.

Un mundo que juega siempre con las oposiciones, en el que el patetismo siempre se impone al heroísmo.

           Terrence Malick, que volvía a la dirección tras veinte años alejado de las cámaras con la adaptación de la novela de James Jones -anteriormente llevada al cine en la notable El ataque duró siete días-, incidía de nuevo en esas constantes de humanismo y deísmo presentes en toda su obra, reflejadas a través de una filmación de gran calidad artística por medio de la auténtica maestría en el manejo de la escena, el uso de la voz en off, en esos poderosísimos flashbacks que ahondan en el dramatismo con una enorme sensibilidad poética y belleza intimista, en las tomas paralelas a la acción, que incluyen al hombre como un partícipe más de la Naturaleza y lo muestran dentro de ese todo, tan insignificante como es; a lo que hay que sumar la gran dirección de actores en un reparto realmente lujoso y donde prácticamente todos bordan su cometido –con menciones especiales para Caviezel, Penn, Nolte y Koteas-, junto con la gran banda sonora de Hans Zimmer, un elemento más que acompaña ese tránsito por el horror.

           Con un montaje cercenado por su excesiva extensión, que reduce prácticamente a la nada la parte de actores como Brody o Clooney, la película se centra sobre todo en esos personajes en contraposición, como el del Coronel Tall (Nick Nolte), arrebatado por su carrera militar de toda empatía a favor de unos objetivos que no cuestiona pero no parece comprender del todo, frente al Capitán Staros (Elias Koteas), con demasiados sentimientos y humanidad para ser un buen militar; o entre los que quizá sean los principales personajes de la cinta, ambos caras opuestas de una misma moneda en base a sus distintas maneras de afrontar la barbarie: el Sargento Welsh (Sean Penn), con su pretendido pragmatismo realista, acorazado por la indiferencia y la aparente ausencia de sentimientos, frente al soldado Witt (perfecto, Jim Caviezel), un desertor que había regresado durante su exilio a las raíces puras y desnudas del ser humano –un mito el de ‘el buen salvaje‘ que retomará Malick en El Nuevo Mundo– y empujado de nuevo al horror, a la “civilización”; un hombre que, afrontadas las dudas ante la posible contaminación de ese paraíso primigenio por la influencia de la supuesta civilización y la guerra, atraviesa el conflicto con la mirada limpia, con fe inquebrantable en el ser humano, su capacidad y su bondad.

Es invulnerable. Ha alcanzado la eternidad.

Obra maestra.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 10.

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18 comentarios to “La delgada línea roja”

  1. Dessjuest 9 mayo, 2012 a 08:33 #

    Recuerdo haber visto esta tras la de Spielberg, por lo que al ponerme a verla quería cualquier cosa menos una orgia de tiros y heroísmo, no digo que esto esté mal, con “Salvar…” me lo pasé genial, pero no quería otra copia, había oído hablar de Malick, como un cieasta especial, por lo que sí, me esperaba algo muy distinto.

    Y claro, lo encuentras, aun con cortes una película larguísima, la ví acompañado de mi santa esposa y su más santa hermana, ambas flipaban al verme tan atento a la pantalla ante lo que para ellas era un evidente truño antológico.

    Más allá de resultar una crítica en toda regla de la guerra, un canto a la naturaleza, los mil sentidos que se le han buscado, todo lo que has dicho tú tan bien, como siempre, para mí, lo que me dejó absolutamente pegado a la silla fue el hecho de ver tan bien reflejado el miedo, los temores la mezquindad, nada de héroes, aunque todos lo fueran, sin desmerecer en absoluto sus escenas de batalla, también sin concesiones, sólo otra vez he sentido cosas parecidas, y digo parecidas, porqe no llega a esto, a la hora de mostrar la vulnerabildad del soldado en el Pacífico, el genial episodio “Okinawa” de “The Pacific”, de lo poco salvable de una más que regular serie.

    Sí muchacho, obra maestra, sin duda alguna.

    • elcriticoabulico 9 mayo, 2012 a 13:40 #

      Yo también tuve la suerte de verla en el cine. Me impactó muchísimo. Hasta el punto de ser una de mis películas favoritas, así como Malick uno de mis directores de cabecera. Perfecta disección del ser humano como campo de batalla de emociones en el horror más absoluto. Poesía pura, vitalista, auténtica, imborrable.

  2. plared 2 septiembre, 2012 a 22:33 #

    Como dices, poesía en imágenes. Denso como casi todo su cien, tomándose su tiempo para narrar un conflicto y las heridas que produce. miedo, héroes también y ante todo, diversos puntos de ver la vulnerabilidad. Ya que al final, todos son sumamente vulnerables. Gran critica…como siempre

    • elcriticoabulico 3 septiembre, 2012 a 00:02 #

      Nada, nada, las críticas líricas te salen más auténticas a ti. Y sí, La delgada línea roja es de esas películas que me veo una y otra vez cada cierto tiempo. Me parece redonda.

  3. ALTAICAaltaica 26 diciembre, 2012 a 01:27 #

    Acabo de terminar de ver esta película de Malick, un cineasta que lleva camino de convertirse en mi enemigo público número uno.

    Tras verla me he dedicado a leer comentarios y críticas de la misma con más espanto que asombro. Las pretensiones de Malick no es que lleguen a irritarme, es que sencillamente me pone de los nervios.

    He contado como unas 250 frases a mayor gloria de un prosa poética de escaparate burdo y trasnochado. Encima se permite el lujo de hacer remedos en sus personajes tal que El arpa birmana, en el protagonista, o un Nolte vestido de Duvall pero todo ello con el sentido más artificial del Malick de turno.

    En el fondo, tres horas de no cine para ser el mero vehículo de un cúmulo de reflexiones ambiguas, fáciles, pretenciosas y siempre grandilocuentes. Estética por énesima vez relamida, con divagaciones mil, acumulación barroca de personajes que deambulan y pasan como caballos de feria sin armazón.

    Ciento ochenta mil escenas donde el dolor se viste de pose, cielos y paisajes naturales en confrontación con la guerra, derivaciones éticas metidas con calzador para mayor gloria de una trascendencia hueca, en la que finalmente el hombre se ha salido de ese amor dado, de ese espíritu prostituido por falacias bípedas que han dejado por el camino la maravilla que nos fue otorgada. Semejante discurso de literato espiritual me produce sarpullidos.

    El guión no existe, es un devenir mal agrupado al servicio de un discurso continuo y machacón, fácil como pocos y pintado de lirismo que a mi me produce hastío y risa a partes iguales. Menos mal que fue “amputada” pues en caso contrario aún estaríamos viendo salvajes maravillosos en mundo originales, escenas de amor relamidas al son de música estética entre la rubia esposa y el capitán, perfectamente orquestado para el coche de su solicitud de divorcio o animales en la selva, hombre frente a hombre en una manejo algo bastardo de coques de posiciones y discursos.

    Una homilía de tres horas, cansina, impostada, amanerada, con un discurso barroco y fácil, pero aún peor su postulado camuflado en el dolor y en la culpa al hombre sobre la irresponsabilidad en el caos de un sumo hacedor o creador de lo natural sin responsabilidad, eso sí dejada al hombre y su abandono de lo natural. Un ejercicio hueco revestido de intelectualidad de traca. La insoportable levedad de Malick y un cine viciado de falseamiento y calumnia.

    • elcriticoabulico 26 diciembre, 2012 a 03:48 #

      Como entenderás por la nota que le doy, desacuerdo total. Además me parece un comentario bastante injusto, todo sea dicho, porque lo del mensaje fácil de la película creo que te lo sacas de la manga muy gratuitamente. En la grandilocuencia estamos de acuerdo, pero yo las pretensiones las mido según los resultados, y en este caso, el tipo me da, y con creces, lo que me promete.
      Malick siempre es deísta, un nostálgico del buen salvaje y del edén perdido, pero a un agnóstico como yo no le parece un mensaje meapilas, sino humanista, valioso, personal, que no cae en lo ñoño pese a la ingenuidad de sus presupuestos.
      Una ingenuidad o pureza de espíritu que, por cierto, hace que el protagonista sea el clásico protagonista malickiano, presente como punto de vista narrativo en la mayor parte de su obra, más allá de posibles puntos de coincidencia con El arpa birmana, que tengo aún en la lista de pendientes. Rara es la película a la que no se le puedan atribuir referencias, legítimas o forzadas, introducidas voluntariamente o fruto de la casualidad, el contexto del argumento u otras razones.
      Por otro lado, desde mi sensibilidad fácilmente impresionable pero enemiga de lo gratuito y lo meridianamente obvio (con que me pongan un poco de maquillaje me vale para quedarme contento y creerme más listo por entender el mensaje, imagino, un truco para ‘gafapastas’ que emplea mucho cineasta pseudointelectual con desigual fortuna) la sabiduría y la precisión de Malick para desnudar el alma de sus personajes, del ser humano, de sus miedos, vilezas, bondades y esperanzas, es insuperable. Y sí, a pesar de que no soy fan precisamente de este tipo de cineastas ultratrascendentes (qué se yo, Dreyer, Bergman, Tarkovski,… alguna de cuyas obras, no obstante, puedo apreciar con entusiasmo) a mí la poesía de Malick no solo me convence, sino que me enamora, soy un gran admirador lo reconozco. Su uso de la voz en off, el modo de dirigir a los actores o explotar sus características físicas, la manera de introducir al hombre como un ente minúsculo en un entorno natural sobrecogedor, la captación de los pequeños milagros de la vida, la expresión de las emociones,… Pocos cineastas son capaces alcanzar tal nivel de belleza. Es cine, con mayúsculas, es decir, lo contrario que el teatro filmado, por muy buena que sea la obra.
      Yo cada vez que la veo (una vez al año o así) me deja alucinado. Mi película bélica favorita, en el top ten personal de largo.
      De todas maneras, comprendo tu postura. A mucha gente se le atraganta (también me parece entendible, no es un estilo muy ortodoxo o accesible a un público medio), no suele dejar lugar a un punto medio de indiferencia y no es un tipo de cine que tampoco concuerde con tus gustos.
      Un saludo. Ya sabes que siempre es ‘un placer’ disentir jeje.

  4. ALTAICAaltaica 26 diciembre, 2012 a 18:51 #

    Sé perfectamente que está entre tus directores favoritos actuales en unión de, por ejemplo, el gran Fincher. De hecho creo recordar un comentario tuyo sobre esta película en el blog de Plared, indicándola como la mejor película bélica o antibélica, si bien como matizas en esta crónica iría para ti hacia lugares incluso fuera del cine bélico.

    No se puede atacar a una película por su mensaje deísta en sí mismo, pero sí por su forma de plasmarlo. Para algunos será un ejemplo de humanismo como ergotizas y para otros una impostura. Sí creo que Malick utiliza todo el armazón como pretexto para su mensaje, quedando en sí mismo el resto en un gran segundo plano. Y ahí radica uno de sus múltiples errores. Hay un notable desajuste en el guión, que por otro lado es deslabazado, sin hilvanar tan siquiera. Y no me extraña pues el mismo no es más que la excusa de sus ínsulas de homilía.

    Se suceden o se yuxtaponen las secuencias al socaire de continuas reflexiones y los personajes se me antojan de paja, muy mal definidos salvo para configurarlos superficialmente como meros vehículos al servicio de reflexiones y más reflexiones. De grandes frases ambiguas, trilladas y siempre atróficamente poéticas o mejor místicas. Una suma de coralidad lastrada de pretensiones metafísicas y filosóficas. Incluso diría que impostadas pues resulta difícil creer que se aglutinen uno tras otro una serie de individuos en un discurso programado, que a todas luces resulta recargante y falso. Se suceden como no hombres, más como fantasmas recitadores de textos, para mi, introducidos con calzador, forzados. Una suerte de guerra de sensibles desde la farsa.

    Es la pura ausencia de naturalidad o limpieza de miras en una contrariamente buscada limpieza de espíritu. Contradicción entre forma (increíble) y fondo (en todo caso cargante por su reiteración). El mundo natural y sus criaturas son espectadores del mundo atroz de la guerra, donde el hombre deambula por ella como autor pero levitando entre paradas de reflexiones inverosímiles. La naturaleza y los seres que la habitan están sujetos día a día, noche a noche, siglo a siglo a batallas tan atroces como la propia guerra y nosotros no somos más que productos de ese mismo mundo natural, esto es, animales/habitantes de esa misma naturaleza en busca de mejores tierras, más poder, agua, riquezas o territorios.

    Esa desvinculación del hombre con respecto al mundo prístino de tribus aún no reas de lo bárbaro, en tanto que civilizado, o del mundo animal, es en sí una segregación cuando menos discutible, pues encima Malick también nos dice que sí somos responsables y culpables al habernos salido de lo natural y haber violado el tesoro dado. Un panteísmo en el que el hombre no forma parte. De ahí que el propio discurso de Malick no sea capaz de, no ya dar respuestas, ni tan siquiera justificar el origen de su descrita atrocidad. Si es panteísta nosotros, inexorablemente, formamos parte del mundo natural y no puede dicho mundo quedar ausente de responsabilidad, si es que la hay, pues somos seres o moléculas del mismo.

    En muchas escenas las figuras posan materialmente como cuadros para indicar el dolor, el miedo, la lucha, la reflexión y más parecen postales impostadas que veraces planos cinematográficos. Al final todo queda en el abuso de la voz en off (no como línea de unificación o aclaratoria, más como medio de adoctrinamiento, de nuevamente homilía barroca y cansina), las postales relamidas (con poses de soldados para analizar en muchísimas secuencias, como por ejemplo, en la que toman la colina, en la cual los soldados japoneses, mostrados en un pequeño trávelling, parecen ir gesticulando y moviéndose conforme la cámara se les acerca, a modo de última cena o teatro forzado), las misivas recurrentes y reiteradas que aparecen por doquier, el guión sin guión pues todo es un devenir de textos, actores mirando al cielo y reflexionando …

    Cuando veo esta película y me acuerdo de El arpa birmana, donde el lirismo duele y la verdad te hiela la sangre, o rememoro Ran y contemplo el compendio de todas las artes en una sola, música, danza, teatro, ópera, escenografía, cine o fotografía, y sus reflexiones brutales sobre el hombre, no puedo por más que hacer uso de ellas para indicar que es lo que está en las antípodas del cine de Malick.

    No obstante, decir que es una película catalogada por todos como magistral y entre lo más grande filmado en décadas. Es por ello que cuando a mi me parece que lo falsario la inunda, no me queda más remedio que replantearme mis gustos y mis criterios intelectuales. ¿Estaré equivocado?, pues no es solo un concepto estricto de sensibilidad, más aún de rigor y es ahí cuando me preocupo.

    Un fortísimo abrazo y en todo esto está la salsa. Abúlico, no sé si será casualidad, pero cuando se meten a dirigir películas escritores, profesores, filósofos o eruditos diversos a mi me cantan las películas de manera atroz. Cuídate

    • elcriticoabulico 27 diciembre, 2012 a 00:30 #

      No creo que Malick busque ofrecer respuesta alguna, sino más bien arrojar preguntas, proponer reflexiones. Ese aspecto de ‘fantasmas que recitan’ que comentas incide en uno de los elementos que más me atreaen del filme, que es su atmósfera onírica, irreal, alejada diametralmente de la veracidad o el ultrarrealisto que proponía la coetánea Salvar al soldado Ryan al menos en el famosísimo desembarco. Siempre me dio por pensar que esa isla de Guadalcanal es en realidad el Purgatorio para muchos de los personajes.
      De nuevo, no creo que estés equivocado, es una película controvertida. Y sí, los intelectuales tienden a hacer simples vehículos para promocionar unas ideas determinadas, pero este no creo que sea el caso. Ya digo que La delgada línea roja no ofrece demasiadas tesis (o tan solo posibles apuntes construidos desde el prisma personal del espectador de turno) y no creo que esa fuese tampoco la intención del director.
      Un saludo.

  5. ALTAICAaltaica 27 diciembre, 2012 a 00:45 #

    No he visto El árbol de la vida, pero supongo que tú sí. Me gustaría que hicieras una entrada al respecto. Bueno en realidad no he mirado si ya la tienes. En todo caso de no existir la crítica, sería interesante.

    Por otro lado he pensado viendo algunos comentarios en el blog de Plared sobre la película Senderos de gloria, en la que se habla de ésta película, introducir al menos mi opinión como elemento discordante. Ya sabes, siempre es apasionante leer los comentarios de Patricio y se vehemente defensa. En realidad no hay que perder nunca la capacidad de provocación, siempre desde un motivo real. Cuídate.

  6. kaldina 14 diciembre, 2015 a 01:29 #

    😀 La voy a empezar a ver en este momento, y me alegra ver la calificación que le das… Por cierto, espero locamente el miércoles porque iré a ver Star Wars

    • elcriticoabulico 14 diciembre, 2015 a 17:17 #

      Es una de mis favoritas y la he visto un montón de veces. Lo que pasa es que tiene tantos detractores como admiradores….

      • kaldina 14 diciembre, 2015 a 17:26 #

        Me encantó, bella, además medio cruda.

      • elcriticoabulico 14 diciembre, 2015 a 17:26 #

        Pues me alegra mucho oírlo.

  7. Luis Lew Tarkovski 9 marzo, 2016 a 20:58 #

    Estamos de acuerdo en que es una obra maestra. Y tu comentario me ha parecido muy inspirado y acertado. Un magnífico análisis del trabajo de Malick y el extraordinario reparto que dirige. Y como dices, el personaje de Jim Caviezel alcanza la eternidad, tras una secuencia impresionante de sacrificio. Inolvidable y emocionante.
    Un saludo.

    • elcriticoabulico 15 marzo, 2016 a 14:43 #

      Muchas gracias Luis. La verdad es que es un comentario en el que me dejo llevar por lo que me inspira la película, que son un montón de sensaciones y emociones. Es una obra muy rica que disfruto muchísimo repasando. Me alegra que a ti también te guste. Un saludo y disculpa la demora en la respuesta.

  8. Walder Messin 12 marzo, 2016 a 04:56 #

    Lo mejor de Mallick hasta el día de hoy. Maravilla.

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