Archivo | 15:44

La delgada línea roja

21 Abr

“Es imposible para las palabras describir lo que es necesario para aquellos que no saben lo que el horror significa. El horror. El horror tiene una cara… y uno debe hacerse amigo del horror…”

Coronel Walter E. Kurtz (Apocalypse Now).

.

.

La delgada línea roja

.

Año: 1998.

Director: Terrence Malick.

Reparto: Jim Caviezel, Sean Penn, Nick Nolte, Elias Koteas, Ben Chaplin, Adrien Brody, Woody Harrelson.

Tráiler

.

           Pese a estar ambientada en la batalla de Guadalcanal, en la campaña norteamericana en el Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, es difícil clasificar a La delgada línea roja como una película estrictamente bélica en el sentido de lo que podía ser, por ejemplo, la coetánea Salvar al soldado Ryan, donde la batalla, la épica y el hiperrealismo de la lucha desempeñan también un papel principal. La delgada línea roja es más la exposición de unos soldados, con un papel más simbólico que estrictamente militar, de un grupo de hombres puestos en una situación límite, extrema, como la guerra, una situación que, más allá de dirimir sobre las diferentes reacciones de posible valor heroico o cobardía, sirve para trazar profundas reflexiones sobre la esperanza y la culpabilidad, el amor y el odio, la divinidad, el hombre y la naturaleza. La vida y la muerte.

Un mundo que juega siempre con las oposiciones, en el que el patetismo siempre se impone al heroísmo.

           Terrence Malick, que volvía a la dirección tras veinte años alejado de las cámaras con la adaptación de la novela de James Jones -anteriormente llevada al cine en la notable El ataque duró siete días-, incidía de nuevo en esas constantes de humanismo y deísmo presentes en toda su obra, reflejadas a través de una filmación de gran calidad artística por medio de la auténtica maestría en el manejo de la escena, el uso de la voz en off, en esos poderosísimos flashbacks que ahondan en el dramatismo con una enorme sensibilidad poética y belleza intimista, en las tomas paralelas a la acción, que incluyen al hombre como un partícipe más de la Naturaleza y lo muestran dentro de ese todo, tan insignificante como es; a lo que hay que sumar la gran dirección de actores en un reparto realmente lujoso y donde prácticamente todos bordan su cometido –con menciones especiales para Caviezel, Penn, Nolte y Koteas-, junto con la gran banda sonora de Hans Zimmer, un elemento más que acompaña ese tránsito por el horror.

           Con un montaje cercenado por su excesiva extensión, que reduce prácticamente a la nada la parte de actores como Brody o Clooney, la película se centra sobre todo en esos personajes en contraposición, como el del Coronel Tall (Nick Nolte), arrebatado por su carrera militar de toda empatía a favor de unos objetivos que no cuestiona pero no parece comprender del todo, frente al Capitán Staros (Elias Koteas), con demasiados sentimientos y humanidad para ser un buen militar; o entre los que quizá sean los principales personajes de la cinta, ambos caras opuestas de una misma moneda en base a sus distintas maneras de afrontar la barbarie: el Sargento Welsh (Sean Penn), con su pretendido pragmatismo realista, acorazado por la indiferencia y la aparente ausencia de sentimientos, frente al soldado Witt (perfecto, Jim Caviezel), un desertor que había regresado durante su exilio a las raíces puras y desnudas del ser humano –un mito el de ‘el buen salvaje‘ que retomará Malick en El Nuevo Mundo– y empujado de nuevo al horror, a la “civilización”; un hombre que, afrontadas las dudas ante la posible contaminación de ese paraíso primigenio por la influencia de la supuesta civilización y la guerra, atraviesa el conflicto con la mirada limpia, con fe inquebrantable en el ser humano, su capacidad y su bondad.

Es invulnerable. Ha alcanzado la eternidad.

Obra maestra.

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 10.

A %d blogueros les gusta esto: