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La isla de los condenados

3 Mar

“La lección de hoy es: mataos los unos a los otros.”

Maestro Kitano (Battle Royale)

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La isla de los condenados

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Año: 2007.

Director: Scott Wiper.

Reparto: Steve Austin, Vinnie Jones, Robert Mammone, Madeleine West.

Tráiler

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           Hombres cazando hombres en una isla dejada de la mano de Dios. Eso es lo que ofrece La isla de los condenados. No es una idea nueva, sino que ya tuvo una aproximación -la mejor, la más original, enfermiza y obsesiva- en el clásico El malvado Zaroff, basado en la novela de Richard Connell, y sus posteriores remakes más o menos modificados, de los que probablemente los más populares -con perseguidor humano- sean Huida hacia el sol y Cazadores de mentes.

Una nueva vuelta de tuerca al tema, mucho más aproximada a lo que es esta película, viene de la mano del cómic japonés y posterior film Battle Royale –ambos mezcla de simpáticos excesos, caricatura, teen exploitation y gore-, que presenta un Japón de un futuro próximo donde, ante el exceso de población joven y su insubordinación generalizada, se organiza anualmente un concurso-reality show en el que se encierra a un grupo de estudiantes en una isla en el que sólo podrá sobrevivir uno, el ganador.

           La isla de los condenados experimenta una vez más en esta idea que mezcla la popularidad de los reality show actual llevada al extremo, llegando casi a la snuff movie a tiempo real. Un grupo de condenados a muerte seleccionados especialmente de entre las cárceles de todo el mundo son llevados a una isla desierta del Pacífico por un exitoso e insensible productor de TV para rodar un nuevo programa en el que sus protagonistas han de destriparse entre sí hasta que uno sobreviva, revolucionando de paso la audiencia mundial vía Internet.

Dentro de lo que cabe, la idea es más interesante que la de las habituales producciones de tiros y mamporros aunque el guión, desarrollado lo justo, tampoco se esfuerza en explotar intelectualmente el argumento mucho más allá de la crítica de base hacia la espectacularización de la realidad de los medios de comunicación unida por el gusto insano pero intrínseco a su naturaleza del ser humano. De esta manera, unos cuantos de los muchos y variados personajes quedan irregulares o casi descolgados, excusas para unas escenas de acción filmadas con decencia, excepto aquellas donde el protagonista, Steve Austin -otro guerrero venido de la WWF– corre, en las que el hiperbólico luchador casi necesita la ayuda de un doble. Obviamente, a un actor que no es capaz de correr con soltura no se le puede pedir tampoco una expresividad de actor de método. Austin se limita a lo que se le pide: ser grande y pegar duro. Aun así, su falta de popularidad, al menos en la piel de toro, no le viene del todo bien a la cinta, que parece exigir a alguien más carismático en el protagonismo más que a un ogro con más pinta de sparring para el lucimiento del héroe –como luego hará en Los mercenarios– que de héroe propiamente dicho.

En el otro rincón, Vinnie Jones, un exfutbolista que ya se dedicaba a rodar acción incluso antes de colgar las botas y al que participar en esta clase de producciones no ha supuesto un gran cambio. Se nota su experiencia y su buen hacer en el oficio de parecer amenazante.

           No optó a mejor guion en su día, pero para echar un rato de entretenimiento evasivo sirve de maravilla.

 

 

Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 4,9.

Nota del blog: 6.

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