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Sharktopus

22 Ene

“El cine es un vehículo de expresión, pero no estoy muy seguro de que sea un arte.”

Fernando Fernán Gómez

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Sharktopus

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Año: 2010.

Director: Declan O’Brien.

Reparto: Kerem Bursin, Sara Malakul Lane, Eric Roberts.

Tráiler

 

 

           El cine de serie B, nacido en la década de los años treinta, tiene como máximos exponentes a los directores Ed Wood, mitificado por Tim Burton en la película homónima, y Roger Corman, autor de obras tan modestas como inclasificables, películas pírricas rodadas en una semana con dos duros, medios infracinematográficos, escenarios y monstruos de obra de colegio de extrarradio pero con gran pasión por el séptimo arte, lo que, aún así, contadas veces compensaba las carencias de las mismas. No obstante, son muchísimos los grandes directores y actores en los que el señor Corman puso su particular grano de arena en su evolución. No en vano recibió público homenaje con la estatuilla honorífica en reconocimiento de toda su carrera en los Oscar 2009.

           Sharktopus es uno de esos productos demenciales que elabora el canal de televisión por cable americano Syfy, un argumento que se basa en el clásico experimento que sale rana, en este caso el de una nueva superarma biológica llama da 11-S (¿casualidad?, ¿mensaje?): un híbrido de pulpo y tiburón que se va de las manos y se marcha al soleado México a masacrar bañistas ante el horror de sus creadores: una atractiva científica y su padre, Eric Roberts que, pese a ser una de las estrellas emergentes en los ochenta, nominación al Oscar incluida –lo que dice mucho de lo que son los ochenta en cuarto a gusto artístico se refiere-, nunca le ha temblado el pulso a la hora de embarcarse en producciones de este pelaje, donde se lo pasa como un enano y, es un suponer, cobra suficiente dinero para pagar el alquiler y demás necesidades.

Es este pues un eco-terror film muy del gusto de dicho canal y de su productor, nada menos que Corman que, pese ha que ha hecho películas horribles no es nada tonto y, vistas las carencias artísticas y de medios, con fotografía de calidad de video de boda y efectos especiales diseñados con el Paint; decide evitar errores comunes en este tipo de obras y apuesta por restar seriedad al asunto y darle a la historia un punto guasón y desenfadado que, por lo menos, la convierte en un producto adorable, simpático y relativamente entretenido -aunque puede que tampoco tanto como para hora y media de metraje-. Además, regala a la audiencia un hilarante cameo en la película.

           Una de esas pelis malas que caen bien. Y, por si fuera poco, me la tragué en versión original, para apreciar mejor la intensidad de las actuaciones.

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Nota IMDB: 3,9.

Nota FilmAffinity: 3,2.

Nota del blog: 4,5.

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