Two Lovers

10 Nov

“¿Qué es el amor? El anhelo de salir de uno mismo.”

Charles Baudelaire

 

Two Lovers

 

       Año: 2008

       Director: James Gray.

       Reparto: Joaquin Phoenix, Gwyneth Paltrow, Vinessa Shaw, Isabella Rossellini, Elias Koteas.

      Tráiler

 

            Si hay un tema sobre el que se ha escrito es sobre el amor. Pero no sobre el amor triunfal, sino sobre el sufrimiento amoroso y el desamor, el motor de inspiración más fuerte que existe. Las sonrisas y las lágrimas, precisamente.

            Two Lovers relata las dudas de Leonard (Joaquin Phoenix), un joven sensible y apasionado pero golpeado por una vida impuesta, con el control cotidiano que sobre él ejerce su madre, la presencia de su padre-jefe en su trabajo, la genética a la hora de volatilizar su vida amorosa y, de nuevo, su propia familia en la confección de un futuro sentimental en el que él no parece tener demasiada voz. Una existencia gris por la que transcurre sedado, inerte, un cadáver que respira.

La aparición de su nueva vecina, Michelle (Gwyneth Paltrow), una joven de apariencia vitalista pero que arrastra también sus propias cadenas, parece la única opción para volver a vivir. Una oportunidad a la que Leonard decidirá aferrarse pese a que es consciente de que las posibilidades de caer en el abismo son mayores de las de salir a la luz. Es la elección entre Sandra (Vinessa Shaw), la opción segura, una chica bella y comprensiva pero que simboliza el destino impuesto, la negación de sí mismo, la felicidad convencional y hueca; o Michelle, lejana en otro mundo posiblemente inalcanzable pero irresistible, la felicidad pura y sincera tras el camino de espinas. Leonard quiere huir hacia delante. Desesperadamente.

            Cuarta película de James Gray -también coautor del guion-, tercera con Joaquin Phoenix tras La otra cara del crimen y la interesante La noche es nuestra, y en la que reafirma plenamente sus virtudes como director. Personajes complejos y retratados con gran esmero, en los Joaquin Phoenix realiza un excelente trabajo -pese a algún tic un poco excesivo en ocasiones- consiguiendo transmitir con una intensidad admirable los sentimientos que atraviesa Leonard a lo largo de la cinta. La química con la habitualmente sosa Gwyneth Paltrow, que en este caso resulta también realmente convincente, es innegable. Ambos se encuentran muy bien respaldados por los secundarios, destacando especialmente a Isabella Rossellini como la madre de Leonard.

Imposible olvidarse de la banda sonora que acompaña de fondo todo el metraje con una presencia decisiva y brutalmente emocionante, así como de la fotografía, gris, plomiza, depresiva, un personaje más de la película. Como único pero, un final un poco previsible, aunque no ensombrece en absoluto el conjunto del film.

Muy buena.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota Filmaffinity: 6,6.

Nota del blog: 8,5.

8 comentarios to “Two Lovers”

  1. Triste Sina 31 julio, 2013 a 11:46 #

    La he visto recientemente por la Rossellini y venciendo mi aversión por Paltrow. No me convenció del todo. Me gustó la propuesta formal (su luz hooperiana, diría) pero no logré conectar con los personajes. Recuerdo que en una escena en un bar al lado del mar, suena “estranha forma de vida” de Amália (para recordarnos que en el cine bien construido NADA es casual). Le dedicaré una segunda visión, claro, porque no recuerdo haberla rechazado visceralmente y además tú sabes más de esto así que te agradezco haber sembrado la semilla de la duda.

    • elcriticoabulico 31 julio, 2013 a 14:08 #

      Paltrow es de las chicas más ‘aversionadas’ del planeta. Es verdad que el carácter tan introvertido y frágil del personaje de Phoenix puede suponer cierto rechazo, pero aún así me tocaron de pleno con las emociones que la película pretendía transmitir. De todas maneras, con las películas románticas sucede como con las de terror: uno ha de tener disposición previa para entrar en su juego y, desde luego, conectar con ellas desde el primer momento, ya que si no corren el riesgo de caer en el ridículo. Si en el tuyo no fue el caso, tampoco hay muchas más vueltas que darle, esto no deja de ser una opinión personal tan cuestionable como la que más. ¡Y de esto no sabe un más que otro, no me vengas con esas, hombre!

      • Triste Sina 31 julio, 2013 a 14:19 #

        Si no pensara que tu visión enriquece la mía (esté o no de acuerdo) no me pasaría por aquí. Además siempre que me acomodo en mi butaca en predispuesto a que el otro me convenza… más como parte del público que paga tengo el sacrosanto derecho de sentirme defraudado.

  2. Deckard 22 agosto, 2019 a 12:50 #

    Hola de nuevo, Víctor:

    A mi también me gustó mucho en su día “Two Lovers” En la fecha de su estreno me pareció una de las mejores películas estrenadas en aquel año en curso. No te voy a decir que fuera una sorpresa completa, porque ya había visto una película anterior de James Gray (“La noche es nuestra”) que me había llenado bastante por su enfoque atípico y por su concisión formal y narrativa. La visión que en esa obra anterior daba de la policía de Nueva York, era bastante realista y carente de la épica policial de la que a veces abusa injustificadamente el cine de Hollywood. Es decir, su visión crítica y humana le hacía asemejarse en muchos aspectos al mejor Sidney Lumet.

    No se si lo sabes (porque no lo has mencionado), pero, al parecer, según se comentó en su día, “Two Lovers” es una adaptación al cine más o menos inconfesada de un clásico de la novela moderna: “Las noches blancas” de Fiodor Dostoievski. Dostoievski es uno de los más grandes genios de la Historia de la Literatura (si no el más grande), y a lo mejor James Gray tampoco quiso decirlo de manera muy clara para así esquivar las comparaciones con tamaño monstruo de la cultura universal. Esa novela es un tanto peculiar dentro del “cánon Dostoievski.” Por un lado, porque, como es bien sabido, las grandes novelas del autor ruso acababan convirtiéndose en tochos ideales como para levantar pesas en un gimnasio porque, inicialmente, todas ellas, se publicaban serialmente en alguna publicación periódica, y esos novelones, que también eran por entregas, en ocasiones tenían que soportar acusaciones de ser por esos mismos motivos de urgencia editorial, demasiado folletinescas, ya que algunos podían considerar que se alargaban artificialmente. Aunque en la actualidad todos las consideramos con justicia como auténticas obras maestras. Pero “Las noches blancas” es una obra un poco distinta. Es mucho más breve, y, además, destila un cierto romanticismo que, aunque no del todo ajeno a Dostoievski, sí que resulta un poco peculiar en el grueso de su trayectoria novelesca, que, por lo general, está gobernada por personajes atormentados imbuidos de una mística filosófica y existencial que les oprime y apenas les deja vivir. Esa mística también está presente en “Las noches blancas”, pero de manera más atenuada, más ligera. Y es que Dostoievski, aquí, parece más consciente de la fugacidad de la vida, de la importancia de vivir el momento, un poco al estilo del clásico tópico del “carpe diem” ya presente en la literatura latina antigua. Como será de romántica esta historia que, “Noches blancas” fue adaptada nada menos que por el máximo exponente del cine romántico europeo y mundial (junto con Max Ophuls). Estoy hablando, como no, de Luchino Visconti. Su visión de esta obra en el cine, se erigió en una película notable y todavía hoy puede deslumbrar con mucha fuerza y magnetismo apoyada en magníficas interpretaciones tanto de Marcello Mastroianni como de Maria Schell.

    Pero volvamos a “Two lovers.” Su protagonista indiscutible es Joaquin Phoenix. Es curioso, pero a diferencia de su hermano River, él siempre se ha caracterizado por tratar de encarnar a personajes antiheroicos y más bien realistas o incluso hasta desagradables. River sabía elegir buenos papeles pese a su juventud, pero su prometedor carrera se truncó por una muerte de sobredosis en las calles de Los Angeles (murió en brazos de Joaquin, que en realidad se llama “Leaf”, o sea, “hoja”, si no recuerdo mal, y su hermano “River”, “río”; se cuenta que esos nombres tan peculiares se los pusieron sus padres, un tanto hippiosos y de vida itinerante titiritera, porque en la época del nacimiento de ambos, sus progenitores estaban muy impresionados por el panteísmo budista de la novela “Siddhartha” de Herman Hesse). River parecía un poco condenado a ser un galán de futuro, un poco al estilo de Paul Newman o Robert Redford, y a rivalizar con Tom Cruise en ese aspecto. Pero todo se vino a pique con su muerte. Joaquin, a mi nunca me ha convencido especialmente como actor. Indudablemente es un tipo inteligente que sabe manejarse muy bien en la elección de guiones adecuados y se rodea siempre de gente de talento. Pero en su rostro hay cierta inexpresividad y hieratismo que parecen condenarle a no saber salir muy bien de su pellejo para darnos más registros interpretativos que se escapen de su mera apariencia.

    Sin embargo, en “Two lovers”, esa cualidad un tanto apática y monocorde de Phoenix, juega a favor del papel que interpreta. Un joven derrotado y de vuelta de todo, que parece condenado a una vida vicaria y previsible, que busca en esa bella mujer que irrumpe en su entorno, una manera de evadirse y fugarse definitivamente de esa monotonía que le está matando día tras día.

    Decís que Gwyneth Paltrow nunca os había gustado demasiado. Yo, a comienzos de su carrera tampoco le prestaba especial atención. Veía en ella a una chica agradable, pero a la que no le daban papeles de gran enjundia. Pero después de ver “Shakespeare enamorado” mi opinión cambió radicalmente. Allí ella estaba todo lo seductora que requería el papel, y elevó a esa película a una dimensión que quizás ni los propios responsables de la misma esperaban alcanzar. La heroína y musa del bardo inglés no podía, evidentemente, ser una chica de póster desplegable de “Playboy”, ni una contundente mujer de esas hipersexuadas que tanto abundan en las películas de Hollywood. Tenía que tener una belleza accesible y cercana pero indudablemente seductora, con un cierto aire aristocrático y con la sencillez de carácter y espíritu suficientes como para suscitar la imaginación y el amor en un alma sensible como la de Shakespeare. Y Paltrow encajaba como un guante en ese papel. Indudablemente. No todas hubieran servido para cumplir esa misión. Y ella la sacó adelante con estilo, gracia y personalidad. Cierto que después a mucha gente le empezó a parecer antipática por su constante presencia en redes con eso de sus dietas entre veganas, vegetarianas, diuréticas y Dios sabe qué mas, y por estar siempre muy presente en esas publicaciones o revistas de “tendencias”, con las que ella parece siempre muy bien avenida. Transmite en muchas ocasiones la un tanto irritante sensación de ser una chica muy “trendy””, demasiado bien avenida con las modas, quizás. Pero aquí nadie es perfecto. Y Paltrow me sigue pareciendo, pese a todo, una presencia cinematográfica siempre estimulante y una actriz más que solvente (además, canta de maravilla, como su propio padre Bruce quiso dejar bien claro dirigiéndola en “A dúo”, aunque en “Country strong”, no sé si resulta tan creíble como una especie de diva del country, porque el country tiene un componente más rural, y Paltrow destila siempre demasiado aroma urbanita). Además, creo sinceramente que su vinculación con España (pasó en su juventud un año con una familia en Talavera de la Reina, Toledo), le hizo siempre tener una faceta muy mundana, que le ayudó a tener siempre los pies en el suelo, algo que no todas las estrellas hollywoodienses pueden decir.

    “Two lovers.” Como digo, Phoenix, por su apariencia de hombre inapetente y desesperado anhelante de ser despertado de su propio letargo, y la propia Gwyneth Paltrow, también por su aspecto de vecinita del quinto esperando a ser abordada (un poco como en esta película), se muestran como una elección totalmente acertada por parte del director, James Gray. Ambos desprenden una química realmente ajustada a sus personajes. Esa historia de amor, primero ligeramente improbable (pero también inevitable), luego un poco tormentosa e incómoda para ambos, y finalmente, absolutamente inviable tanto por los peajes que impone la realidad, como por el esclavizante y en ocasiones castrante “sentido común”, acaba captando el interés de todo espectador verdaderamente sensible a las películas con trasfondo amargo, pero que tienen un indudable vínculo con la realidad y con los sentimientos auténticos experimentados por muchos de nosotros a lo largo de toda una vida. Algo que permite empatizar mucho con esta historia, que podría ser la historia de todos los amores, y a la vez, de ninguno de ellos, porque a fin de cuentas, al final resulta ser un amor frustrado (quizás, en el fondo, como todos los amores, puesto que aunque muchas parejas conviven durante años, el sentimiento amoroso de muchos al principio, muy bien puede decirse que es una quimera o fantasía que la realidad tarde o temprano, acaba siendo aniquilado y sustituido por una prosaica realidad que no tiene mucho que ver con lo imaginado o soñado…..)

    Y James Gray narra esta historia con holgura, sin estridencias, a la chita callando. Dejando que las escenas fluyan sin prisa pero sin pausa. Permitiendo que la expresividad gestual de los actores y su dicción en los diálogos hablen por sí mismos. Gray no quiere hacerse notar. No hay movimientos de cámara espectaculares, ni travelling efectistas, ni recursos estetizantes que puedan desviar la atención del calado moral y sentimental que desprende la pareja protagonista.

    Ese exceso de quietud de Gray resulta muy llamativo. Si no recuerdo mal, creo que en una ocasión leí en una entrevista que le hicieron que uno de sus valedores en el Festival de Cannes (Cannes fue siempre una de sus principales y decisivas rampas de lanzamiento), le hacía ver lo difícil que podía llegar a ser para dicho valedor vender su “producto” a los programadores del mismo, puesto que Gray no es un director fácil de clasificar. Algo que, en el acartonado panorama de los festivales, donde abundan mucho las etiquetas parece muchas veces una necesidad (y mucho más en Cannes, donde hay multitud de ciclos y secciones paralelas regidas por una cierta etiquetación simplista: “Un certain regard”, “La Quincena de Realizadores”, la Sección Oficial, etc…..). Porque, efectivamente, James Gray tiene una mirada sobre sus historias y personajes muy calmada. No se rige ni por los arquetipos habituales del cine americano tradicional, ni tampoco se deja llevar por el afán rompedor o inconformista de algunos directores europeos o del resto del mundo, de tratar de transgredir tanto el cine de género como los personajes prototípicos que han hecho grande la mejor tradición del cine americano independiente y de Hollywood. No. Es algo un tanto diferente. Está a medio camino entre esos dos mundos. Y entre esas dos aguas, Gray se mueve bien. Y ese rasgo distintivo aporta personalidad a sus películas, pese a que, a simple vista, no atesore pautas de estilo especialmente llamativas ni decididamente rompedoras.

    “Two lovers” es un buen exponente de esta forma de concebir el cine. De manera pausada pero sin caer ni mucho menos en la somnolencia narcotizante, Gray juega bien sus bazas. Apoyado también por secundarios de la talla de Isabella Rossellini (qué bella es, que bella sigue siendo, una mujer que gana con los años, como los buenos vinos), que ejerce a la perfección su función de madre amorosa, entregada pero quizás también un poco castrante (de esas de las que muchas veces se dice irónicamente, “no abraces tanto a tu hijo, que lo vas a ahogar de tanto abrazarlo”, de esas un poco como la bellísima también Barbara Hershey que también ejerció ese rol en la posterior y notable “Cisne Negro” de Darren Aronofsky), Gray lleva su barco a buen puerto.

    Porque “Two lovers” es una reseñable aportación al verdadero cine romántico contemporáneo (no nos referimos al cine “ñoño”, ese que hasta cierto punto denota la perversión de Hollywood de tan noble sentimiento. centrándose en aspectos superficiales y periféricos del amor, pero que no tienen verdadera relación con él, más allá de los meros formulismos, sino al verdaderamente romántico, al que hace verdadera justicia al concepto histórico y amoroso de dicha noción)

    Por tanto, un visionado absolutamente recomendable (el de “Two lovers”) para todos aquellos que todavía tengan un corazón hambriento, sufriente y necesitado de ser reconfortado.

    Un saludo.

    • elcriticoabulico 22 agosto, 2019 a 13:13 #

      Pues no sabía lo de Dostoievsky, no. Habrá que ver ahora qué ha hecho Gray con Ad Astra, que la estrenan el próximo mes.

      • Deckard 22 agosto, 2019 a 13:31 #

        ¿Ah, sí? Sabía que estaba pendiente, pero no sabía que iba a caer tan pronto….Sale Brad Pitt ¿no? Parece que Brad ha cogido una buena racha (él siempre sabe rodearse de los mejores, pero en este caso ha enganchado dos proyectos de mucho peso, después del de Tarantino, ahora este). Si no le dan el Oscar ahora no se lo darán nunca….(eso me da un poco igual, no me voy a poner tan pesado como se pusieron todos tan frivolamente cuando lo se lo dieron a Di Caprio…Pero lo digo a título informativo y especulativo…..)

        Ah, bueno. Pues espero que cuando la estrenen no tardes en comentarla y así todos metemos baza ¿ok?

        • elcriticoabulico 28 agosto, 2019 a 12:54 #

          Esperaremos, esperaremos. Además prefiero ir con cierta neutralidad a las películas, sin dejarme llevar por favoritismos. Obviamente, a un nombre grande se le termina concediendo más margen y comprensión que a un desconocido, pero bueno, qué menos que intentarlo.

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