El fotógrafo del pánico

20 sep

El fotógrafo del pánico y Fellini 8½ dicen todo lo que hay que decir sobre el proceso de hacer cine, sobre la objetividad y la subjetividad y la confusión entre ambas. capta la parte de glamour y el disfrute, mientras que El fotógrafo del pánico muestra su agresividad, el carácter violador de la cámara… Estudiándolas se puede aprender todo sobre los cineastas, o al menos lo que estos expresan en sus películas”.

Martin Scorsese

 

 

El fotógrafo del pánico

 

Año: 1960.

Director: Michael Powell.

Reparto: Karlheinz Böhm, Anne Massey, Maxine Audley, Jack Watson.

Tráiler

 

 

            En junio de 1960, sir Alfred Hitchcock revolucionaba el thriller de terror con Psicosis, en la que la mutante, retorcida y siniestra personalidad de su protagonista, un individuo retraído de apariencia inofensiva, marcaba un antes y un después en la construcción del perfil del psicópata asesino.

En abril de 1960, Michael Powell estrenaba una nueva diana, esta vez como arquero solitario al separarse por diferencias profesionales de Emeric Pressburger, su habitual pareja artística. En ella, apuntaba sus dardos, como poco después hará Hitchcock, hacia los sórdidos laberintos de la locura y el asesinato en serie a través de un personaje, Mark Lewis (complejo trabajo de Karlheinz Böhm), fotógrafo de cine, que coincide en su concepción con Norman Bates, con una enajenación producto de una influencia familiar de interpretación freudiana, somatizada en una personalidad frágil e infantil que se desdobla mediante pulsiones irrefrenables que lo llevan al homicidio.

            Sin embargo, a diferencia de Psicosis, la naturaleza del sujeto queda revelada desde la primera secuencia, prescindiendo de prólogos o paños calientes. Es un mirón –clara transposición metalingüística del oficio de cineasta y, a la vez, del propio espectador; fascinados por la violencia y la víscera-, hijo y amante del terror, que usa la cámara como herramienta de exploración de sus obsesiones, como refugio de seguridad frente a sus propios demonios y como instrumento de goce morboso, de fuerte significación sexual.

No en vano, los asesinatos de mujeres en situaciones de encuentro amoroso; en ocasiones acaricia compulsivamente el instrumento; un fuerte contraste con esa personalidad de hombre apocado, pueril y asexuado que luce cuando se encuentra alejado del influjo perverso de su otro yo, cuando lucha por una inesperada segunda oportunidad con el apoyo de esa intromisión de ‘lo normal’ que es la inquilina Helen Stephens (Anne Massey).

            A pesar de que algunos de sus elementos no han encajado demasiado bien el paso del tiempo, El fotógrafo del pánico todavía resulta una obra de más que notable pegada, en la que Powell retoma esa característica, sugerente y fascinante combinación de intensidad cromática y sustrato siniestro, muy bien ajustada al espectro mental del fotógrafo, bordeando la alucinación o lo irreal, y, al mismo tiempo, a ese reflejo de lo malsano que se oculta tras esa misma apariencia preciosista, creando así un conjunto que parece una reversión tenebrosa del universo Disney, cuya marca de estilo tanto inspiraba al cineasta británico.

            No obstante, su acogida por público y crítica no sería buena, defenestrando la carrera futura del director. El valor de El fotógrafo del pánico no se reivindicaría hasta años más tarde.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 8.

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