Punto límite: Cero

1 mar

“Sólo soy un sujeto ordinario, sin nada que perder.”

Lester Burnham (American Beauty)

Punto límite: Cero

 .

Año: 1971.

Director: Richard C. Sarafian.

Reparto: Barry Newman, Dean Jagger, Victoria Medlin, Paul Koslo, Cleavon Little.

Tráiler

 .

            La escalada militar en un Vietnam que se veía, cada vez más, como un callejón sin salida. La inseguridad urbana, la marginalidad y los estragos de la edad dorada de las drogas. El magnicidio de JFK y Bob Kennedy. El asesinato de Martin Luther King. El fracaso del movimiento hippie, la traición a la revolución del amor, rubricado en sangre por los homicidios de La Familia. El regreso al poder del conservadurismo de línea dura de la mano de Richard Nixon. La explosiva conflictividad social y racial. El desarraigo, la alienación, el vacío y la decepción.

La década de los setenta amaneció tan oscura como brillante había prometido ser la noche anterior. El cine, excelente instrumento para medir el pulso de la sociedad que lo produce y lo consume, no será ajeno a ese sentir. Las pantallas se llenan de justicieros desencantados con el sistema, ya sea por su naturaleza, por su inmovilismo o por su corrupción. Agentes anárquicos a uno u otro lado del mismo que actúan bien a su favor, con una rebeldía canalizada hacia la corrección y recuperación de su pureza original y perdida en unos años de locura y decrepitud moral, bien en su contra, a modo de enérgico grito de sumo hartazgo, tan furioso como pesimista y fútil en su expresión última.

            Kowalski decide conducir el coche que ha de entregar en San Francisco en un tiempo récord. Conducir es el mensaje. Por que sí, porque puede, porque lo desea.

El existencialismo que nace de la desilusión de un pasado esculpido a mazazos: el recuerdo indeseado de una guerra que representa todo lo que odia, la indescriptible náusea hacia un sistema corrompido hasta sus cimientos, el fracaso personal como piloto de carreras frustrado, la muerte del amor.

Un hombre que visita las ruinas de su vida, idénticas a las de ese país postrado que recorre con obcecación, lleno de rostros a los que la desilusión y la amargura ha vuelto desconfiados, de pueblos paupérrimos y desolados donde los sueños (americanos), rotos o adormecidos, yacen enterrados en el polvo.

Un hombre que quiere llegar a un sitio, a un destino, a un futuro, sin límites o barreras, normas o reglas, que puedan detenerle.

             Un viaje donde que siempre existe una salida posible, radiado, musicalizado y guiado, simultáneamente, por un vate ciego, figura mitológica de un guion escrito por el cubano Guillermo Cabrera Infante y acometido con garra y energía por Sarafian, tanto en el rodaje de la acción como en lo alegórico y más sutil, tanto en el recorrido físico como en el espiritual.

Así pues, la metáfora es la clave para leer la huida hacia delante de Kowalski, la última alma libre de un país y un pueblo que ha hincado la rodilla, hundido en sus propias ilusiones desgarradas, con la necesita urgente de volver a alzar la cabeza y mirar de nuevo al horizonte.

 .

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 8.

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