Nikita, dura de matar

23 nov

“¿Por qué hice En busca de Freddy? ¿Por qué me metí en todas esas locuras submarinas con El gran azul? ¿Por qué me puse en plan negro y desagradable con Nikita? No lo sé. Porque sí. Hago lo que hago porque me apetece, porque quiero explorar, buscar nuevos horizontes.”

Luc Besson

 

 

Nikita, dura de matar

 

Año: 1990.

Director: Luc Besson.

Reparto: Anne Parillaud, Tchéky Karyo, Jean-Hugues Anglade, Jeanne Moreau, Jean Reno.

Tráiler

 

 

            El cambio de década entre los ochenta y los noventa imponía en las pantallas una ola especialmente violenta de cine, una postmodernidad en la que los códigos preestablecidos evolucionaban hacia nuevos horizontes -no siempre acertados-, ahora pocas veces regidos por los dictados de la industria hollywoodiense, donde la aportación de directores foráneos –influidos e influyentes en el cine norteamericano- iba a crear escuela, más tarde directamente importados a golpe de dólar, casos del hongkonés John Woo o el que hoy nos ocupa, el francés Luc Besson.

            Después de captar la atención fuera de su país con El gran azul, ambientada en el mundo del submarinismo, su gran pasión, Besson llamaría definitivamente a las puertas de Hollywood con Nikita, dura de matar. Es, curiosamente, un thriller de sabor muy americano en el que se entremezclan la temática de los secretos cuerpos de élite al servicio del gobierno con el melodrama a lo My fair lady: una joven punky (Anne Parillaud, por entonces esposa de Besson) es, tras ser condenada por el asesinato de un policía, reciclada en asesina al servicio del gobierno por medio de un durísimo entrenamiento –moldeo hacia “lo correcto” que queda simbolizado de manera muy significativa en una sesión de maquillaje, metáfora poco apreciada por el feminismo, imagino-.

Besson exhibe sus armas: montaje frenético, estética agresiva y personajes al límite, con una protagonista que es forzada a ser algo que no desea y, más tarde, a superponer a ese camino no escogido a su propia vida, a su verdadera segunda oportunidad, la que le concede el amor hacia un personaje que sí es, en esencia, genuinamente positivo.

            La cinta no logra convencer en su intento de mostrar un conflicto emocional que queda apuntado con ligereza y poca decisión y que, de hecho, lo que más bien provoca es la sensación de que entorpece y alarga en exceso lo que podía haber sido un ejercicio de acción pura y desinhibida, quizás menos pretencioso, pero más eficaz como vehículo de entretenimiento despreocupado. No hay demasiados lazos que aten al espectador con Nikita, un ser casi sobrenatural en su aguante y habilidad para la violencia, maltratado pero apático, de una sensibilidad surgida de manera poco natural más tarde en un quiero y no puedo de dotar de algo más de fondo a una historia corriente de acción y agentes secretos que el director parisino parece no saber demasiado bien a dónde conducir y que se le acaba por desparramar en el exceso.

            Como mucho, se podría valorar su contribución al perfeccionamiento del hacer de Besson, que fructificaría, ya en suelo norteamericano, en una película notable, Léon, el profesional, donde ya consigue dominar la combinación de manierismo en el rodaje de la acción e intimismo en las relaciones emocionales entre personajes.

Hay remake estadounidense, peor valorado, y serie.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 4.

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